Las Lìneas del funeral

Las Lìneas del funeral

martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 5




Capitulo 5



Solo dejare de llorar cuando mis ojos se vuelvan blancos









Fue después de la ultima gota de licor que bebí ¿o al menos eso creo? ... aquella última secuencia de brebaje que sorbí en mi paladar crudo, de la botella que Masha me obsequio segundos antes de la última mirada de despedida.

Aquella amarga estancia en esas tierras es algo que nunca voy a superar, puesto que hay no solamente me desprendí del ultimo ser querido, sino que de algo aun más trascendental para mí, pero ello lo fui averiguando a medida que mi balsa se movía lentamente sobre las oscuras aguas del que para ese entonces fue mi ultimo viaje.

Los tragos de licor que se hundían en mi garganta, eran como tragos de papel. Eran tragos difíciles de digerir, porque por mas que miraba a las estrepitosas aguas, mi mente no podía quitarse los rostros de quienes hasta ese entonces se habían cruzado en mi camino y habían marcado su recorrido en mi.

Mi madre, por ejemplo, aquella dulce y fértil orquídea nacida en el lodo más venenoso, y que no pudo soportar mas seguir viendo sus días, sin ningún cambio radical, y decidió quitarse la vida sin mayor reparo. Oh!... pero ahora creo que no debí pensar mucho en ello, pues eran los recuerdos más negros que podía rememorar, y si tan solo hubiese podido extirparlos de seguro en estos momentos la costura de mi alma no estaría tan curvada.



A lo que cayó la noche sobre mi existencia, me encontraba completamente ebria, ni siquiera podía tomar los remos con fuerza, así que decidí dejarlos en la balsa y dormir, y que la madrugada guiara mi trocha.

Cuando desperté la desgraciada ruta seguía igual de inhóspita y sombría, lo único que había cambiado era las mejillas del cielo, puesto que ya no eran tan pálidas como al momento que me dormí, si no que ahora eran negras y graníticas, estaban cargadas de una atmosfera liquida. Comenzaría a llover y yo no tenia nada para cobijarme, me empaparía si no encontraba luego algo donde protegerme, pero por más que miraba en todas direcciones, nada era diferente. Pero algo tenía que hacer y dejar de llorar mi desgracia, así que tome los remos y comencé a remar fuertemente en dirección norte. Pero mis intentos por huir de aquella tormenta fueron inútiles, ya que de todas formas nada pudo impedir que me mojara hasta los huesos.

Creo que llovió por casi cuatro días y cuatro noches seguidas, y durante esos días, solo me dedique a llorar y maldecir mi fortuna, pero algo en unas gotas tibias que cayeron en mi rostro, me hicieron comprender que mi fortuna no era la mas desdichada. Me hicieron analizar que por una parte era agradable encontrarme sola, porque en cierta forma la soledad es una buena amiga y consejera. Al estar sola me conocería más, vería todo con más claridad, pero por otra parte si me sucedía algo estaría totalmente indefensa, eran las dos caras de una situación.



-- Señorita Jannike... ¿esta despierta?

-- Sí señor Körpii... estoy despierta, aun no puedo concebir el sueño

-- Entonces señorita Jannike ¿le puedo preguntar algo?

-- Si claro, usted puede preguntarme lo que desee, pero yo veo si le respondo o no.

-- Claro… ¿Usted de que murió?

-- ¿Mi muerte? yo... yo me suicide...

-- ¿Suicidio?...

-- Sí, suicidio.

-- ¿Y puedo saber la razón?

-- ¡No!

-- Entiendo

-- No es nada personal señor Körpii, pues para mí es algo muy difícil de transmitir

-- No se preocupe señorita, hay cosas muy duras de transmitir, y no dudo de sus motivos… -- ¿Le gusta la lluvia señorita Jannike?

-- ¿La lluvia?... si me gusta mucho, cuando estaba viva y deseaba estar sola para pensar con tranquilidad, gozaba caminar por la lluvia y desaparecer entre ella, y que nadie pudiera oír mis dilemas existenciales

-- ¿Desearía poder volver a sentir la tranquilidad de la lluvia en su ser?

-- Si claro, es algo que anhelo día a día, noche a noche, pero eso es solo una fantasía, a causa de que ahora mi realidad es muy distinta, ya que la única agua que puedo sentir, es la transpiración del bastardo de Koskenniemi, cuando ultraja mí cáscara agusanada.

--… Yo también a veces deseo lo mismo, pero lamentablemente no se la forma de resucitar, pero si se la forma de morir definitivamente y que este maldito sueño que se llama vida se apague eternamente.

-- ¿Qué?... ¿Como es eso que usted sabe la forma de morir definitivamente?

-- Si querida niña, escuchaste bien.

-- ¿Y como es? ¿Y porque usted no lo a hecho hasta ahora?

-- ¿Porqué no lo he hecho hasta el momento?... Bueno… pues no puedo. ¿Y como es?... bueno la única forma de morir definitivamente, es que quemen el cuerpo hasta que solo queden cenizas y así el alma arda y se extinga.

-- ¿Y usted como sabe eso?

-- Yo se muchas cosas mi niña acerca de la muerte… pero lo que no quisiera saber de ella, es que yo ya no es aire lo que respiro… si no cenizas, cenizas de cenizas fuliginosas, que no me dejan mas que una silueta de una hoja marchita. Mejor dicho la silueta caída de una hoja marchita, y es esa hoja marchita la que esta impidiéndome que pueda ver mas de lo que el pasado dejo en mi. Ese pasado tormentoso que me besa y me desprecia a la vez. Pero no puedo tocar ese pasado, pero el si a mi…tampoco le puedo hablar, pero el si a mi.

Me lastima y me hace infeliz. No puedo dejar de llorar, pues se que el fin nunca llegara… Pero prometo que olvidare la tormenta sombría que esta destiñendo mi mirar, lo are, aunque me resulte difícil, lo are. No obstante se que con ello la muerte comerá de mis manos y beberá de mi purulento manantial, y me dejara como un gusano demente y mal herido. Pero eso no me importa, pues es un precio que estoy dispuesto a pagar, con tal de conseguir que el desgraciado pasado deje de burlarse en mi cara. Que me recuerde día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, que esta ensuciando mi alma y mi mente, con sus besos llenos de veneno que pudren mis entrañas, y las hace arder en llamas.



-- Señor Körpii, usted no es el único que se baña con el dolor; mi espíritu también sufre noche tras noche en este cadáver decadente, que es incapaz de autodestruirse y demostrar al exterior que ya no puede recibir más daño, que ya su capa celular ya fue corrompida por los látigos del lamento ajeno. Pues ya mucho tiempo ha pasado que mi cuerpo ya solo quiere recibir algo de calidez, y ternura sincera, y ya no ser más abrazado por la necedad de quien solo lo utiliza para destrozarlo y luego traicionarlo. Mi calvario es un ayuno de tinieblas. Y mis extremidades el hambre de la hipocondría. La angustia raspa mis ojos desde dentro y no deja que mi lluvia interna de paso a futuras estaciones. Cuando cierro mis ojos, mi boca sonríe, pero mi espectro llora, porque ya no aguanta mas la despreciable soledad, estoy sola y todo mi entorno me lo recuerda. Ya no quiero más que mis caricias se peguen a traicioneros témpanos de hielo. Pues ya mucho me han lastimado y humillado.



-- Hola mi querida desconocida… ¿Como has estado? ¿Me has echado de menos?

-- ¡Koskenniemi!...

-- Estábamos tan concentrados en nuestra conversación, que no nos dimos cuenta de su entrada mi niña Jannike…

-- Si señor Körpii, no nos dimos cuenta de su desagradable aparición.

-- Veo que no me respondes desconocida… ja – ja – ja, soy tu amante, tu necro amante. Estaba bebiendo algo de licor y me acorde de ti, pero no en el plano que tu crees, si no que a veces necesito compañía; me sentare a tu lado mi amor, y te relatare algunas cosas de mi -- ¿Qué te parece? – bueno por tu silencio me imagino que no te molesta --. Sabes… yo antes tenia una familia; tenia una mujer muy hermosa y una hija igual de igual rutilancia; mi mujer se llamaba Pekka Rantanen y mi hija Tarja Koskenniemi, pero mi bella familia con el tiempo se derrumbo y fue corrompida por mi amada esposa, fue ella quien destruyo lo hermoso que habíamos construido, fue su macabra traición la que inicio un deprimente espectáculo de debilidad carnal. Yo antes de su traición la amaba mucho, pues era con ella con quien yo sentía todas las vibraciones de la vida. Como no recordar cuando me llevaba hasta sus entrañas, como no haber amado dormir encima de su vientre fino, mismo que a veces de tanto placer no me permitía salivar, vertiéndome en una danza interior; y que en esos momentos todos mis sueños se resumían a ella, y a sus levitantes y calidos manjares lunares. Como no haber amado su tierno trigal que me besaba lentamente cuando yo se lo pedía, Pues ella convertía mi rostro en una suave tela incolora, que solo podía ser pintada por su apacible almíbar plateado. Pero todo ese amor fue arrancado de mi corazón al momento de verla, a ella, mi dulce mujer, bailando el tango del placer en nuestra cama con otro hombre.

Cuando vi aquello, mi alma se comprimió y no pude reaccionar, quedándome perplejo, observando como la mujer que yo amaba hasta entonces ensuciaba mi mente. Sentí que mi cuerpo no valía nada, que solo era un vil estropajo, vi mi sombra podrida y sentí mis sentimientos en llamas, estaba negro de odio, y en mi mente solo me podía repetir unas frases que hasta el día de hoy me acompañan, y eran: -- ¡esto no es lo que merezco, pero es lo único que recibo; podrido, podrido, los segundos son mis enemigos, soy pestilencia, soy un asco, soy lo que el infierno rechaza, me extingo! ¡Mucho me han lastimado en el pasado, tanto que no recuerdo cuanto, pero esta traición me lleva a una seca y decapitante tortura. Ya no puedo retener más odio, mi concavidad cerebral ha caducado y mi piel ya se descuece, mi mirada se ha dirigido a la máxima oscuridad y es lo único que pueden reflejar, ¿como es posible que nada mas pueda sentir? ¿Como es posible que todo lo que entregue fue invisible? ¿Acaso mi cuerpo y mis sentimientos son netamente pura basura? ¿Que es lo que hay de malo en mí? ¿Qué? -- Pero súbitamente mi mente se apago y deje de preguntarme tantas cosas y tome las riendas del asunto, pero no violentamente, si no que increíblemente todo lo contrario a pesar que la sensación de traición me llenaba el cuerpo de mugre desconocida, y lejana a mi. Salí delicadamente de habitación y ordene a unos esclavos presentarse ante mi, y luego de un rato tenia cuatro esclavos en las afuera de las puestas de lo que antes había sido mi nido de amor. No tuve que esperar demasiado para ver como mi amada salía perspicazmente junto al esclavo. Y se enfrentaban a la presencia de mis guardias, entonces yo me acerque a ella delicadamente, mientras aplaudía mis palmas despectivamente, y sin decirle nada a ella, ordene a dos de los esclavos apresar a mi mujer y llevarla a la celda de castigo, al resto de los esclavos les ordene que llevaran al amante de mi mujer a mi despacho. Hubo un gran alboroto, mi mujer no cesaba de repetir que no entendía lo que estaba aconteciendo y yo cada vez que escuchaba sus suplicas mi corazón se destruía, ya al rato después, me dirigí a hablar con el esclavo a mi despacho. Y cuando lo tuve enfrente, mí alma se lleno de amargura, pero cuando lo mire directamente a los ojos me di cuenta, que el no era culpable de nada, que el solo era un pobre lacayo que obedecía ordenes de mi esposa, y al escuchar su versión comprendí todo; el no era culpable de nada, porque la meretriz había sido mi mujer y era ella quien merecía las torturas del infierno, que luego me encargue que recibiera. Pero en ese momento me compadecí del esclavo, porque en cierta forma le estaba agradecido por mostrarme con la clase de rata que estaba casado, para su sorpresa le di libertad, con la única condición que no regresara nunca más al pueblo. Cosa que el accedió de inmediato. Luego de ello me dirigí a la habitación de huéspedes a descansar y meditar, no pude ir a mi antigua posada debido a que me daba asco su olor y esencia.



A la mañana siguiente fui sorprendido con la voz de mi hija que en ese entonces solo era una criatura de diez años.



– ¿padre mío donde esta mi madre? -- Cuando Tarja me pregunto aquello no supe que responderle y quede en blanco, pero solo hasta que Tarja volvió a preguntarme.

– hija querida, tu madre fue a visitar a tu abuela – le respondí

-- ¿y por que padre?

-- porque tu abuela esta muy delicada de salud y tubo que ir de inmediato sin poder despedirse de ti

-- ¿y va a regresar luego? – me pregunto acongojada

--no lo se hija mía – le respondí sonriente

-- la extraño mucho

-- yo también hija mía, pero recuerde que ahora usted ahora tiene que ir a desayunar, para luego ir a sus clases de piano

-- usted no desayunara conmigo padre – me pregunto nerviosa

-- no hija, yo ahora estoy muy ocupado...



Ufff... ¿Como podría expresar la nostalgia que sentí en ese instante? ¿Cómo?... Ufff... no puedo negar que he pensado mucho en mi antiguo hogar, tanto que casi podría decir que ha ocupado la totalidad de mis memorias, y es muy angustiante recordar sus gruesas e imponentes paredes, donde a veces me gustaba imaginar que eran parte de un castillo, de mi propio castillo; y que nada ni nadie podía arrebatármelo sin antes batirse a duelo conmigo. Ja-ja pero que tonto era, jamás conté con que el destino me empujaría a lo incierto. Y jamás conté que mi ángel me aria caer en un pozo negro y pútrido, rodeado de mutantes criaturas de fuliginoso poder. Durante tres días completos no me acerque al calabozo donde estaba encerrada mi amada, pero si durante esos días les ordene a mis esclavos que le proporcionaran comida y bebida. Solo al cuarto día pude recién arbitrar nuevamente la realidad. Pero no lo hice directamente, más bien indirectamente porque solo me dedique a dar órdenes y fiscalizar que se cumplieran. Mi primera orden fue la que encapsulo mi desprecio hacia ella, hacerle sentir la real magnitud de su pecado. Pero a decir verdad, no creo que allá sido tan macabra en realidad, porque la tome pensando en sus bajos instintos, y en su insaciable deseo carnal. La decisión que tome fue drástica y sencilla, consistía en que noche tras noche tres esclavos, junto conmigo nos dirigiéramos a su celda, y ellos la violaran, mientras yo solo me sentaba a fumar tabaco y observar el espectáculo, escuchando sus infernales bramidos. Con el pasar de los días, cada vez le sumaba mas esclavos, inclusive un día llegaron a sumar once en total, -- ja - ja- ja -- era una función cada vez mas asquerosa, pero reparadora.

Al pasar un mes, ella estaba casi en los huesos y ya casi no emitía sonido, más que sus hipócritas lagrimas, tratando de persuadirme para que la liberase o la matase. Lo primero jamás ocurrió, pero lo segundo si, no literalmente, pero las garras de la muerte al final del segundo mes, fueron mas fuertes que su ser. La real causa de su muerte se debió a la desnutrición absoluta, al menos eso fue lo que me informo un esclavo; “una miserable muerte para alguien igual de miserable”.

Después de su fallecimiento, debo confesar que mi órgano vital ya no era humano, si no que bestial, pero de igual forma al caer la noche me anime a visitar su lecho de muerte. No se cuanto tiempo estuve observando su cadáver, pero fue mucho tiempo, tanto que mientras mas miraba su simetría, en mi medula cerebral se ordenaban frases, que mas bien parecían una líricas fantasmales, poéticas y nostálgicas, y era mas o menos así:





Amante furtiva de remembranza centurial





Desde la distancia logro escuchar el trazo de tus ojos y el agudo coro de tu gélido pensar

Pero en la cercanía tú reflejo ya no esta

Mas mi mirada es triste y vacía

Tan triste y vacía como la mañana de un trueno que ruge al no poder despertar

Solía sentir tus copas arroparse en mis manos

Pero ya tus lluvias se han marchado y me han dejado montado en una celda difunta más allá de lo sagrado.



Amante furtiva de remembranza centurial

Fuiste mía y de el mientras el brillo de mi aura fulguraba carnaval



Fue tu abertura de sestear lo muerto a cambio de lo vivo



Más te digo primigenia diosa que mi desconsuelo no se compara al de los cinturones lácteos

Porque ellos solo en mil años mas podrán volver a destellar el claro de luna que nos cedieron



Amante furtiva de remembranza centurial

Fuiste mía y de el mientras el brillo de mi aura fulguraba carnaval



Fue tu abertura de sestear lo muerto a cambio de lo vivo



Dejaste de vestirme en el extenso mundo desconocido antes de que cayera el sol

Solía sentir tus copas arroparse en mis manos… ¿solía?





Luego de recitarle aquella poesía, seguí observando su cuerpo tendido en la sombría superficie, mientras más lo observaba, en mi despertaba una inaudita y desconocida pasión; deseaba poseerla, deseaba que mi ser entrara en ella, la extrañaba tanto, y no pude contener la emoción de volverle a hacer el amor, entonces desplome sobre ella, y le berti emociones cósmicas para que nuestros corazones volvieran a latir al mismo compás… pero su corazón ya no latía, (y no ha latido desde entonces).

Al momento de ello, la sostuve en mis brazos y la lleve a la que antes había sido nuestro nido; la lleve con muchísimo cuidado, para que nadie nos viera; para mi suerte así sucedió. Ya al interior de la habitación, despoje íntegramente su cuerpo de sus aromas neutros, y sus ropas de poco valer, luego meticulosamente me preocupe de arroparlo con fundas vírgenes, acomodando almohadones emplumados. Pero al momento de hacerlo mi nostalgia hacia crujir la litera y mis manos se acunaban el aura de mi amada, y por segundos ello hacía que sus ojos se entreabrieran, regalándome por ultima vez, el placer de verme reflejado en su ser, pero para mi sorpresa, por mas que me acercara a ellos, sus ojos ya no me reflejaban, porque ya solo eran una masa inerte cubierta con retoques de orgasmos fallidos.

Mi pena fue inmensa, porque las cortinas de la habitación, ya no dejaban entrar a la luz de la luna, si no que solo se dedicaban a reflejar la agonía de las sabanas al exterior. Aquella agonía que solo pueden sentir unas hebras pulidamente seleccionadas, orgullosas de sus costuras, que de pronto pasaron a ser unas hebras sombríamente amortajadas. Y eso era mi culpa, porque fui yo quien puso a la muerte en el trono de mi nido, y por consiguiente, todo lo que aun se mantenía con vida pereció. Los mueles, las paredes, los cuadros e inclusive los robustos ventanales, pasaron a ser parte de un impensado cementerio, de un impensado y siniestro nicho pútrido.



Mientras tanto las horas parecían no avanzar, y por más que le rezaba al reloj para que dejara caer rápidamente sus granos de arena en su fondo, el se encontraba en mi contra o deseaba ver paso a paso el desarrollo de mi macabra obra teatral, pero yo ya me encontraba muy desgastado para seguirla, lo único que quería, era dormir abrazado de mi mujer, que ya a esas alturas su rostro y su cuerpo se encontraban irreconocibles para mi, pero de igual forma yo solo aguardaba descansar en sus frígidas greñas. Pero no pude porque al abrazarla con dulzura, en mi mente se dibujo su cuerpo deslizándose por su amante, sudando de placer y gimiendo como una perra en celo, y mi cuerpo comenzó a tiritar de rabia, y caí sin darme cuenta al piso, llorando como un lobo le llora a la luna. Estuve en ese estado de depresión gran parte de la noche, pero solo hasta que decidí ir a dar una vuelta en mi amado caballo llamado Dälf, que junto a su amistosa compañía, se sumarian otras como las de unas dulces botellas de licor y tabaco. Ya en las afueras de mi casa, y montado en mi corcel, me introduje en desiertas tierras que paco a poco se convertían en suelos plasmados de bellos, y robustos hijos de la madre naturaleza.

La lluvia ya había cesado, así que mi viaje se convirtió en ruido de sombras en medio de la noche, pero solo hasta que logre encontrar el lugar exacto, que me confortaría en mi deprimente nostalgia, y el lugar que escogí fue a orillas del lago Appart, un lago de ancestral y inigualable belleza, rodeado de sentimentales árboles y gloriosas aves. Todo era tan bello que contrastaba con mi opaca pena. Me baje de mi corcel y lo deje en libertad, para que recorriera el lugar, porque sabía que volvería cuando yo lo necesitase, ya en la más completa soledad, me aproxime a encender tabaco, destapar botellas, y sumergirme en sus anestésicos jarabes. Hasta que perdí totalmente la conciencia y caí.



Mucho tiempo a pasado de ello, me sorprende que aun recuerde detalles de esos días, aun que se que con esos detalles la muerte come de mis manos, y bebe de mi doloroso manantial… porque son detalles que me dejan como un gusano demente y mal herido. Pero eso no me importa, porque es un precio que estoy dispuesto a pagar, con tal de conseguir que el desgraciado pasado deje de burlarse en mi cara. Y que me recuerde día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, que ensucie mi alma y mi mente con sus besos llenos de veneno que pudrieron mis entrañas, y las hicieron arder, al intentar comprender que fue lo que la motivo a despreciarme de tal manera. Pero por mas que lo intente no pude, con ella viví momentos únicos y sinceros, como olvidar por ejemplo cuando nos bañábamos todo nuestro cuerpo con nuestras lenguas, purificando así el camino a seguir, y como olvidar también las múltiples caricias que nos dábamos con la mirada, luego de charlar sobre los románticos capítulos de nuestro romance.

Inventamos un lenguaje extraño, pero a su vez tan seductor que derrochaba algo de magia en el aire. Cierro los ojos y aun creo sentir la luz de su agua labial en mi cuello, y su cabello beber en mi piel. Sabes desconocida será mejor que me valla a dormir… creo que será lo mejor… por que recordar me hace sentir mucho miedo.







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