Las Lìneas del funeral

Las Lìneas del funeral

martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 4


Capitulo 4



Debajo de las sensuales viseras del vientre fétido











Debo confesar que mi decaimiento lo noto poco a poco, como se nota al sol cuando recién se asoma por las montañas. Pues la dignidad se me ha acabado, mis minutos ya están contados, mi cadáver tiembla de dolor, y los huesos se me retuercen por aquel olor. El aire solo esquiva mi despojo, dejándome en una asfixia muy gélida... son tan grandes mis ganas de llorar, que solo son comparables a un árbol en medio del bosque sin agua, y sin luz. Que sucumbe ante la pena y la angustia. Harta estoy de que mi mal formación ocular no distinga entre la sangre o el agua... mi olvidada e insensata existencia ya culmina su deterioro, solo me queda besar algún espejo en el cual nunca me haya reflejado... porque será un espejo virgen... un espejo virgen de mis infestos besos.



Ya han pasado varios días desde que aquel desperdicio humano sostuvo su violenta promesa de necrofilia sobre mi vaginal montura, y aun me encuentro dentro de esta envoltura rancia y podrida. Acaso aquello que escuchaba en vida sobre el castigo eterno cayendo sobre quien atente contra su propia existencia, ¿era en realidad la verdad? ¿Seré torturada por la eternidad? en vida siempre me negué a creer en un dios que te sometía al miedo, “fuese cual fuese su nombre” para mí era tan ridículo y degenerado creer en aquellas escrituras, incluso ahora después de todo lo que estoy viviendo me niego aceptar que alguna religión contenía sabiduría.

En fin, sea como sea, por lo menos aun me quedan mis recuerdos, que aunque no sean tan calidos, han logrado alejarme de mis actuales vivencias. Como aquella inolvidable temporada en Luciferian...



La batalla que Masha lideraba en contra de los soldados, era algo que yo no entendía completamente, y en realidad no me importaba entenderlo demasiado, pues en mi pulpa cerebral solo se encadenaba la pena, la rabia y el desquite... y esas fueron las emociones que me mantuvieron erguida en aquél túnel de tinieblas.

La barrera de la gloria a cada minuto se marchitaba más y más, pero algo en el ambiente hechizada nuestras armas, haciendo que nuestro deleite de sangre no respirara, solo se aprisionara en una insostenible adicción vampirica. Mi moral estaba por las nubes, jamás había sentido tal emoción, una emoción llena de alivio y tortura, que se pigmentaba de negro a medida que iba asesinando, en total fueron tres soldados los que alcance a matar, antes de que seis de las cientos de flechas en llamas que flotaban por los aires me penetraran la nuca, los brazos y las piernas y me dejaran sumisa en medio del campo de batalla comiendo arena ensangrentada.

Fue tal el dolor físico y sicológico que comencé a bramar por eternos minutos, pero nadie me auxiliaba o mutilaba. A nadie le importaba mi suplicio, “ni el mió, ni el de nadie”, todos luchaban por su propia vida. Y ahí fue cuando comprendí que me encontraba completamente sola, que si anhelaba no perecer, dependía solo de mí; ya no podía seguir lloriqueándole al mundo, ya nunca mas... ya no era una niña, pues en el preciso instante que abandone mi hogar, me transforme en una mujer que debía luchar contra todo y todos... y es esa ideología la que me lleno de valor y fuerza para levantar la espada de brillante hierro y subrayar mi victoria. Ya no hubo más miedo, ya la muerte no se atrevería a cruzarse en mi camino; ya mi oscura fortaleza solo me pedía sangre enemiga. Y con mi frente alzada empuñe la espada y corte las flechas que me encadenaban a la ruina. Comenzando así a afilar mi alfanje con la primera caja torácica enemiga que se me enfrentaba.



Mientras tanto en el firmamento se escuchaban rocosos chillidos de oscuro erotismo, que canturreaban un macabro himno de muerte, que reflejaba una potente y orgásmica rebelión de buitres esperando que el sudor de nuestros cuerpos se anidara en sus añejos paladares. Pero eso solo era un ingrediente menor, si lo comparaba con la totalidad del horripilante escenario que nos asilaba. Por mi parte el dolor de mi cuerpo sudado obligadamente luchaba contra si mismo y con todo lo que intentara lastimarlo... era una tarea titánica e ingrata, pero sabia que si me detenía, perdería mucho mas que mi vida, perdería mi auto respeto, y eso era algo en o no estaba dispuesta a transar, porque podían destruir mi piel, pero no mi orgullo de haberme transformado en una guerrera, en una valerosa y letal tiniebla de la noche.

Mí carne se desangraba lentamente por los constantes rayos de odio de los adversarios, pero mis muñecas no estaban dispuestas a dejarse amedrentar por el venenoso caos de quienes traían es sus manos, muerte y desprecio.

La tormenta de sangre comenzó a mimetizarse rápidamente con la salida de la tarde y la entrada de la noche; fueron esas traicioneras negruras las que nos llevaron por instantes a dejar de luchar por la victoria, y a solo mantenerla, pero algo en la voz gutural de Masha comprimió el atardecer y obligo a las podridas densidades de la noche a embarazar a la luna y a iluminar por un ultimo momento el ocaso de nuestra sangrienta cruzada... y que gracias a ello mas tarde seriamos los vencedores; pero no así los menos heridos. Masha fue la única que no sufrió daño alguno, pero el resto de nosotras teníamos todos nuestros cuerpos ensangrentados. Macha que era sin duda, la líder de todo el batallón, elevo su potente voz y nos ordenó que nos sentáramos y que oyéramos atentamente su discurso; pero en esos momentos a lo único que podía prestarle atención, era a la muerte de mi amiga Keltzivä, así que fui en busca de su cuerpo rápidamente, y despues de mucho buscarlo lo encontré... se encontraba ya sin vida y con toda su cabeza ensangrentada, lo único que hice en ese momento fue llorar y a abrazar su cadáver con todas las escasas fuerzas que me quedaban en ese instante; el furtivo, y frugal movimiento que el viento le hacia a su cabello, me hacia sentir estática e indefensa, tan estática e indefensa como podría sentirse una paloma después de haber perdido sus alas, en un demente intento por desafiar a los rocosos abismos del mar. El lamento era miel en los ojos y las lagrimas romance de cisnes. Cólera e ira, son las primeras palabras que se me vinieron a la mente, después de haber besado a la oscuridad y haber cobijado a sus sombras.

Ahí recuerdo haberlo cuestionado todo, cuestione por ejemplo: porque diablos despues de que tuve que enfrentar el desastroso fallecimiento de mi amado, vendría el brutal suicidio de mi madre, y luego el decapitante deceso de mi amiga, y le pregunte a los vientos ¿acaso todo ser que yo amara tendría aquel fatal destino? Y mientras la noche meneaba sus artísticos pinceles empapados de pigmentaciones oscuras que caían tímidamente sobre todo el paisaje. Rugí miles de maldiciones a quien fuera el causante de mi desgraciada existencia, y luego de desahogarme por completo me quede dormida en los gélidos compartimentos de Keltzivä. Que fueron los más acogedores almohadones que podían ampararme en ese momento.





Al día siguiente desperté con la claridad del amanecer, esa claridad que solo te puede entregar la madre naturaleza despues de haber sido bañada dulcemente por el firmamento... un bello escalofrío. Pero también desperté junto a una Keltzivä inerte e hinchada, rodeada de sangre coagulada en su vestido. Me aleje muy aterrada por lo que estaba observando y no tarde en dejar caer un centenar de lágrimas negras y de salir corriendo de su lado. Su rostro morado e hinchado fue para mi una macabra escultura y un eco de mil otoños heridos... corrí y corrí, sin poder alejarme mucho, pero si lo suficiente para admirar aterrada como varias manadas de voraces lobos salvajes, se repartían a los cadáveres de los caídos en la batalla del día anterior... pero más fue mi pavor cuando me vi rodeada de una jauría salvaje dispuesta a asesinarme sin piedad. Y por poco le logran, si no hubiese sido por el heroico rescate que me dio una guerrera muy audaz, que con su arco y sus flechas los espanto a todos, dejándome así libre de su prisión.



-- Debemos partir de aquí – me dijo al momento que sujetaba mi vestido

-- ¡Gracias pero no puedo! – Le dije mientras me intentaba zafar de ella y le trataba de explicar las razones por las cuales no quería abandonar aquel lugar.

-- ¡Esta bien! ¡Cómo quieras! – Me respondió molesta– pero ten cuidado con los lobos – me murmuró mientras se retiraba y colgaba su arco en su espalda.



Mas tarde, y luego que di vueltas sin sentido por la isla, me arme de valor y retorne hacia el cadáver de Keltzivä, que estaba aun más hinchado que antes. No pude evitar vomitar al verla, caí de rodillas sobándome él estomago y recaer en el mismo llanto sepulcral de antes.



-- Macha me contó lo sucedido – dijo una apacible voz a mi espalda, que me pareció muy familiar

-- ¿Tú eres Meiju... verdad? – le pregunte sin mirar hacia atrás

-- Si soy yo. – Me respondió – Ustedes nunca debieron salir de la cueva, debieron escuchar los consejos de Macha – continuó.

-- Palabras más ciertas jamas he escuchado – le dije mientras me limpiaba la lagrimas con mi pulgar izquierdo.

-- Jannike me siento en la obligación de explicarte algunas sofocantes cosas que al parecer no te quedaron muy claras – me decía mientras cubría el cadáver de Keltzivä con una frazada de color azul y me entregaba una botella de licor destapada.

-- ¿Puedo beber un sorbo de tu licor Meiju? – le pregunté interrumpiendo su discurso.

-- Claro, siempre y cuando no desperdicies ninguna gota, pues es un muy buen licor que traían los soldados en su barco.

-- Por supuesto… no hay problema.

-- Jannike se como te sientes, yo también he perdido a muchos de mis seres más queridos, incluso déjame decirte que soy la única de mi familia que queda con vida, así que no esperes que té de mis condolencias, porque sé que en estos momentos las palabras de una desconocida solo sobran... esto es tu luto personal.

-- Meiju... ¿te puedo pedir un favor?

-- Si, seguro... ¿de qué se trata?

-- Me puedes ayudar sepultar a mi amiga.

-- ¡Sepultar! – Me gritó exasperada – no puedes enterrar a un ser querido en estas tierras llenas de odios y venganza – continuó.

-- Pero no puedo dejar que se convierta en manjar para los lobos.

-- Por esa misma razón, debes despedirla con un funeral lleno de honor... un funeral...

-- ¡Un funeral vikingo! – dijo una tercera voz por encima de nuestras espaldas, y se trataba de la grave voz de Macha, seguida por la de Kaisa.

Luego de aquel funesto reencuentro, Masha ordenó a otras encapuchadas que bajaran del barco requisado algún bote y que lo trajeran lo antes posible. Al cabo de unas horas había una gran multitud reunida alrededor de mí, cosa que me molestó enormemente, porque la muerte de mi amiga no era un maldito circo, sino algo doloroso, pero lejos de lo que yo pensaba, fue una ceremonia improvisada pero llena de respeto, que culmino al momento Masha ordenó que empujaran el bote hacia las aguas. Luego Kaisa empuño un arco y lanzo una flecha en vuelta en llamas dirigida al naufragante cadáver.

Realmente no sabía como describir la sensación que sentía, pero me aferre rápidamente a los hermosos momentos que tuve junto a ella, y que ahora solo son un perenne lamento de realidad. Su mirada era tan desenvainada y bella, que aun rebotaba en mi inexorable juicio, así como el menester momentáneo de una mecha que esta a punto de ablandarse. (Que doloroso fue discernir que nuestra sangre no se puede aclimatar al crepúsculo, y a nada fuera de nuestro interior).

Aquella reflexión me hizo ver sombras inmateriales que danzaban a mí alrededor, y supe que al final igual me quedaría sola... entonces desee suicidarme con todas mis fuerzas pues no creí ser capaz de seguir viviendo con esa infame soga al cuello. Pero si lo fui... fui capaz de resistir aquella errónea idea de suicidarme... por lo menos un par de meses más.

Pero ojala hubiese resistido mas... mucho más. Para que ahora no me encontrase en este asqueroso colapso de tiempo circunstancial, que solo me lleva a sentir la máxima expresión nerviosa de la locura humana. No debí suicidarme... no debí seguir el mismo camino de mi madre... ¡el mismo camino de mí madre! ¡Suicidio! ¡¿Entonces ella también podría estar encerrada en su cuerpo?! Oh madre desearía... desearía...



-- Desearías tanto estar junto a ella... ¿cierto?

--¡¿Qui – e - en?! !¿Quién dijo e - e - so?¡ !¿Que fue esa voz masculina?...debe ser mi imaginación... ¡si! eso es, pero sonó tan real... debo estar volviéndome algo...

-- ¿Loca?... no, no lo estas, y no soy producto de tu imaginación.

-- Es mucho más grave de lo que pienso, estoy realmente loca o mi orfandad ha sido capaz de crear un amigo imaginario.

-- Te repito... no soy producto de tu imaginación... soy un ánima encerrada en su antigua fortaleza al igual que tu.

-- Esto no puede estar pasando...

-- ¿Que no puede estar pasando? Que estés hablando con un espíritu... Ja - Ja - Ja ¿Acaso a estas alturas todavía hay cosas que te sorprenden?

-- Desearía creer que no es mi imaginación... pero sé que lo es, así que haré oídos sordos a este predicamento.

-- Uff... si que eres difícil de convencer, pero en fin, no te insistiré mas, solo te pediré que cuando el desgraciado de Koskenniemi, o como tú muy bien le dices “el necrofilo”, vuelva a entrar en esta putrefacta habitación mires para arriba con atención y me veras... o mejor dicho veras mi cadáver clavado de pies y manos en el cielo de este cuarto Ja- Ja- Ja. Pero hasta que eso no suceda, supongo que seguirás empeñada en pensar que soy producto de tu imaginación ¿o no?... mmmm... veo que me estas ignorando; bueno de todas formas ni creas que me callare... Ja - Ja pues desde que fallecí, que no me eh comunicado con nadie… y ni creas que perderé esta oportunidad -- Ja – Ja -- mi nombre es Venghard Körpii y nací en...



-- ¡Bastaaaaaaaaa! ¡Silenciooooooo! ¡tú no existes! ¡Solo eres una maldita voz que fabrico mi soledad!

-- Esta bien, me callaré... no es necesario que te alteres.





Esto no es normal, no, no lo es... estoy perdiendo la cordura ¿Qué puedo hacer? ¿Que puedo hacer? ¿Que puedo hacer para o seguir escuchando esta espectral voz? ¡Estoy loca! ¡Estoy loca!... debo tranquilizarme ¡si eso es! Debo enviar mi mente a otro lugar ¿pero a que momento de mi vida? ¡No puedo concentrarme en ninguno!... ¿debo volver a refugiarme en Luciferian? ¡Sí! ¡Sí! ¡De nuevo a Luciferian!

Recuerdo que luego del funeral de Keltzivä, Masha, Kaisa y Meiju, me llevaron a una cueva donde almacenaron el botín que le confiscaron a los soldados caídos y a su embarcación, que en su mayoría eran armas, agua, alimento, ropa y licor, pero lo mas importante para mi, fueron los pequeños bultos que contenían medicinas y vendajes.



-- Les estamos aplicando estas medicinas a todas las habitantes de esta isla, pero en especial a todas las guerreras que lucharon sádicamente por la ruina de los soldados. ¡Pero creo que nos estabamos olvidando por completo de la guerrera más importante! – dijo Masha mientras observaba directamente a los ojos de Meiju.

-- En eso tienes razón Masha – respondió Meiju, al momento que Kaisa abría un bulto de medicina y me pedía que descubriera todas mis heridas.

-- Fuiste de gran ayuda Jannike – me decía Masha.

-- ¿Tu crees? – le respondí

-- Si, y no solamente yo le creo, si todas las que luchamos en la batalla... porque cada espada que luchaba a nuestro favor ayudo a que fuéramos nosotras las vencedoras.



¿Que es ese ruido? Debe ser el necrofilo el que interrumpe mis memorias con su energía negativa, está abriendo la puerta de esta habitación y junto con él, una devil luz artificial ¿deseara poseerme otra vez?...



-- Hola desconocida... ¿cómo estas? Soy yo, tu fiel amante Ja – Ja – Ja, venia a beber junto a ti una botella de vino, ¿té molesta?... bueno me imagino por tu silencio, que no -- Ja – Ja... bueno desconocida, sabes creo que he sido muy mal educado contigo, debes pensar que soy un ebrio sin educación, pero aunque tu no lo creas, soy un ebrio zarrapastroso bastante bien preparado, pues para que sepas soy un hombre muy importante en este pueblo y mi nombre es Markus Koskenniemi. Soy quien también se encarga de los destacados funerales de las personas de clase alta de esta isla, bueno, por desgracia también de los de clase media y de las de baja, e inclusive de aquellos que no le importan a nadie. Bueno, no me quejo tanto, sabes, porque puedo dar riendas sueltas a mis travesuras más oscuras. Es por ello que puedo exhumar a las mujeres y niñas más bellas de esta isla, y traerlas hasta aquí, para no solamente extraerles sus entrañas y lucrar con ellas, sino, asimismo como tu ya lo sabes muy bien, -- Ja –Ja – Ja -- sentir mis mas profundas sensaciones sobre sus eróticas pieles putrefactas. ¿No te perece tierno? es tan aromático el hedor de un cadáver descompuesto, es un perfume tan extravagante, tan lleno de esencias desconocidas y poco apreciadas. Lleno de fragancias que aúllan sobre su membrana nebular, y sobre su folclórico cosmos intransigente.



-- Muchacha... muchacha... ¿puedes oírme?... muchacha si aun dudas de mi existencia. Por favor ablanda la luz de habitación, llévala a tu frente y divísame...

-- ¡Cállate! Tu no existes... solo eres un ronco timbre que invento mi consciencia tubular.

-- Esta bien me rindo, no hay forma de convencerte, pero te propongo un trato: que mires hacia arriba y si no me logras ver, te dejare de molestar y no tendrás que escucharme nunca mas.

-- ¡Esta bien!, ¡Esta bien lo haré! (debo estar muy demente al estar asiéndole caso a esta fantasmal voz)

-- ¡Gracias! No, te arrepentirás... solo concentra tu vista en un punto fijo.

-- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

-- Silencio, Silencio muchacha No grites demasiado fuerte, porque tu voz podría atravesar el umbral que nos separa de la muerte, y provocar una ruptura al séptimo equilibrio.

-- ¡Estas hay! ¡Eres real! estas colgado de pies y manos en el cielo del cuarto. Eres un cadáver putrefacto y sombrío.

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

-- No grites, no grites... muchacha te lo suplico.

--¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!! Esto es espantoso, esto es horroroso... ¡¡¡esto no es posible!!!

-- Si, si lo es, el que estas observando es mi cadáver enganchado sobre ti.

-- No puedo digerir algo tan demoniaco, y menos aceptarlo.

-- Pues acéptalo, la realidad supera la ficción...

-- No, sé que decir, solo pedirte que me perdones por haber dudado de tu existencia, y por favor revélame tu nombre, y porque dijiste ¿qué este sujeto me puede escuchar?

-- No, te preocupes por eso muchacha, era normal que no me creyeras. Mi nombre es Venghard Körpii. Y soy, o fui un hombre de color, y sobre tu última pregunta, solo puedo decirte que hay muchas cosas sobre lo inmaterial que tú no sabes.

-- ¿Y tu podrías educarme al respecto?

-- Solo si abres tu mente a lo ilógico y estas dispuesta a no cuestionar nada sobre lo que yo te diga, y a conservar el máximo silencio y respeto.

-- Esta bien... tratare.

-- Mi nombre es Venghard Körpii y nací en una pequeña región al sur de Odottaen Kuolemaa, llamada Akëërfelt. Aquella región era maravillosa, rodeada de dulces ofrendas naturistas, cercadas de sabias montañas, llenas de cedros radiantes y pudientes, que parecían reír cuando algún animal les escogía como morada. Todo era muy bello... o casi todo en realidad, pues aunque las nubes invernales bañaran a toda la región por igual, algunos se mojaban más que otros. Y yo era de los que más se mojaban, pues crecí siendo un esclavo, un pobre y analfabeto esclavo, con aires emprendedores, que deseaba algún día solo aprender a leer... pero eso estaba prohibido para alguien de color. Porque las ratas de piel pálida, desde tiempos ancestrales obligaron a hacerle pensar a mi raza que ellos eran superiores a nosotros, por el solo hecho de que sus ojos eran de colores, sus cabellos dorados y sus carnes más claras, (Pues para mí no eran más que unos infelices cerdos desteñidos, con las mismas fortalezas y debilidades que nosotros). Pero mis ideales de igualdad tuve que reprimirlos, como un estúpido jardinero reprime el curso natural de un bonsái.

Akëërfelt estaba gobernado por un tirano llamado Jukkas Tyrr, quien día a día reinaba con sus venenosos amasijos de tejidos cerebrales; su mirada estaba podrida y sucia, al igual que su figura mórbida y poco atractiva, incluso me atrevería a decir, que ninguna hembra normal siquiera intentaría desearle. Sus macabras leyes eran narcisistas, pero por sobre todo racistas... nos odiaba; aborrecía nuestro color de piel, nuestro cabello y nuestro acento. Y cuando alguno de nosotros ya no le era útil a su insensible y cristiana elite, nos eliminaba sin remordimiento alguno, bajo la atenta mirada de una oxidada y afilada guadaña.



-- Señor Venghard... yo al igual que usted, desprecio a los racistas y a los cristianos, yo a pesar de que mi piel no es de color oscuro, crecí bajo la destructiva mirada de infames e hipócritas iglesias. Y Jamas me deje influenciar por sus inmundos mandamientos.

-- Me alegra mucho escuchar eso pequeña, nunca pensé en encontrar a otra persona de piel clara, que no fuera ni racista, ni cristiano, y es una alegría estar charlando con alguien tan inteligente.

-- Je – Je -- gracias señor Venghard, y dígame... ¿quien fue aquella sabia primera persona?

-- Ja – Ja -- uff... tu pregunta me remonta a mis años de juventud, donde conocí a Tarja Koskenniemi una talentosa concertista, pero también una perturbada criatura.

Por aquellos años un grupo de amigos y yo nos reuníamos en el corazón de algún improvisado bosque, lejos de la mirada represiva del hombre cristiano. Nos juntábamos a charlar y a interpretar bella música, con unas artesanales guitarras. Al principio éramos bastante cómicos, pero con el tiempo dejamos de serlo, hasta inclusive logramos que nuestros instrumentos sonaran pulidamente. Ja – Ja... y al pasar los meses y despues de muchos ensayos llegamos a ser muy virtuosos, e inclusive déjame decirte que conseguimos elevar la música convencional a otro concepto, a un concepto que denominamos Blues.

Pero hubo un día, en que nuestras armoniosas tertulias se vieron empañadas por la sensación de estar siendo observados por alguien. Entonces el miedo se apodero de nosotros y huimos despavoridos, abandonando aquel sitio, y nuestros amados instrumentos. Luego de aquel siniestro día nunca mas nos volvimos juntar, ni a vernos... eso fue muy triste e injusto; el vacío que sentía en el espíritu al no poder trenzar mis sentimientos sobre el balsámico y femenino cuerpo de una guitarra, era algo muy desolador. Y donde creí no existir, donde mis lagrimas eran el veneno que necesitaba beber, para tratar de olvidar por espacios vacíos de tiempo, mi amor hacia él beatífico Blues... pero eso nunca sucedió entonces creí que esa aflicción no fenecería, así que decidí que antes de que mis hojas oculares se marchitaran bajo el susurro forestal de las noches de soledad y depresión, volvería al lugar donde abandoné mi guitarra.

Y es así como en una madrugada cualquiera, vertí todos mis impulsos en esa obsesiva cruzada, y cuando llegué al lugar donde habíamos dejado los instrumentos, me di cuenta que estaban exactamente donde los recordaba, eso me dio un mal presentimiento, pues en Akëërfelt había una estricta ley en contra de nosotros. Si alguien veía a un hombre de color merodeando a altas horas de la noche, tenía todo el derecho y el deber de darle muerte. Pero eso no me importo al momento de tener enfrente mi arma musical, pues prefería morir, antes de no poder volver a ver y sentir la guitarra que me había fabricado mi padre, con tanto amor antes de fallecer. Pero a instantes de recuperarla sentí a mi espalda un escalofrío, junto con el salvaje filo de una espada. En esos segundos creí que todo estaba perdido, que el cordón de mi vida seria cortado de raíz, y que toda mi aventura no había servido para nada.



-- ¿Supongo que sabes que yo tengo él deber de eliminarte... cierto? – Me dijo una voz raspada pero dulce a la vez – ¡dame una razón por lo cual no tenga que hacerlo! Continuo. Pero no me atreví a responderle nada. – Veo que no respondes, entonces te haré una pregunta y si no me satisface tu respuesta te matare sin piedad... ¿aquellos escuálidos instrumentos son de tu propiedad?

-- Sí... – le respondí nerviosamente.

-- ¿Cuál es tu nombre? me preguntó guturalmente.

-- M... m... mi nombre es... es Ven... ghard Körpii... le respondí tartamudeando.

-- ¿Tú eras uno de los esclavos que huyeron el otro día de este lugar al escuchar mis pasos?

-- Sí...

-- Entonces toma tu instrumento y toca algo para mí – en esos momentos no comprendí en la situación que me encontraba, pero creí que se me estaba dando una especie de último deseo, así que tome mi guitarra y la abrace con ternura y comencé a limpiar y acariciar sus cuerdas con pasión.

-- Mi nombre es Tarja Koskenniemi y soy músico al igual que tu -- me decía mientras se acercaba a mí y yo podía ver que se trataba de una hermosa mujer. – No te preocupes no te matare, pero con una condición.

-- ¿Cual? -- le pregunté.

-- Debes enseñarme tu forma de componer piezas musicales... ¿aceptas?

-- Es un honor el que me hace señorita, que usted reconozca mi arte... pero usted sabe que solo soy un esclavo, y no soy dueño de decidir nada por mi cuenta.

-- Tienes razón... pero responde mi pregunta y luego dime ¿para quien trabajas?

-- ¡No me denuncie! ¡No me denuncie, por favor!... mi respuesta seria si, si dependiera de mí... pero trabajo para el emperador Jukkas Tyrr – le respondí suplicante mientras bajaba mi mirada.

-- No te preocupes no te denunciaré a las autoridades, ni menos a tu dueño, pero por favor, continua deleitándome con tu música – me dijo delicadamente, y mientras yo tocaba, ella se esfumaba entre las sombras, mientras su fiel perfume continuaba escuchándome.

Al día siguiente, antes de levantarme y comenzar a trabajar, me encontraba muy perturbado por la presencia de aquella mujer en mis memorias, su dulce rostro sonriéndome era lo único que podía recordar. Pero también me perturbaba la idea de que traicionara su promesa y me denunciara, y me condenaran a las sangrientas manos de la dama de hierro... pero eso por fortuna nunca sucedió. Pero en cambio al quinto día despues, mientras me encontraba sufridamente laborando, el capataz “de piel clara” que se encontraba a cargo de nuestro grupo, el señor Jaakko Mäntysaari me golpeo fuertemente la espalda con un garrote de madera podrida, y me comunico que el emperador deseaba verme, surgió un silencio sepulcral de parte de mis compañeros de trabajo, pues todos sabíamos muy bien que significaba que el emperador nos citara y eso significaba la muerte; y bajo las burlas del capataz, lentamente fui conducido al despacho y a la presencia de su majestad Jukkas Tyrr. Ya sujeto a la cruel y humillante mirada del emperador, comencé a orinarme de pavor sin control, empapando todo mi metro cuadrado con mi mal oliente rocío. Y antes de yo pudiera darme cuenta el capataz que se encontraba a mi espalda comenzó a azotarme y a insultarme furiosamente.



– ¡Basta! ¡Basta! ¡Deje de golpearlo! – Se escucho despavoridamente en la habitación... y mientras me sobaba mi palma derecha, enfrente de mí apareció lo que jamas me espere... era la señorita Koskenniemi, muy acongojada por lo que estaba sucediendo.

-- ¿Estas bien? -- Me preguntó la señorita.

-- Si, pero mi mano derecha esta dislocada – le respondí confundido.

-- ¡Maldito imbécil, lastimaste a mi esclavo! – vocifero la señorita hacia el capataz, y él con su cara mas confundida que la mía retrocedió despavorido.

-- Esto creo que reduce el precio del esclavo a la mitad de lo acordado... emperador – pronunció una voz ronca desde la esquina superior de la sala. Pero no pude avistar de quien se trataba pues en ese momento la señorita Tarja insistió que la acompañara afuera de la sala, pero luego por labios de la señorita me enteraría que aquel hombre se trataba de su padre el señor Markus Koskenniemi que tramitaba mi compra. (Esa noticia me alegro en cierta manera, pero también me lleno de incertidumbre). Horas despues me supe que mi compra se había concretado, y fui directamente conducido hacia la carroza de la señorita. Luego hay fui informado que mi compra la habían concretado a la mitad del precio original... (Pero esa información fue totalmente superflua para mí).



-- ¡Que Markus Koskenniemi! ¡Se refiere que el padre de su amada, es quien me tiene aquí, sometida a su locura! – interrumpí abruptamente.

-- Si, lamentablemente es él...

-- ¿Pero como es posible?

-- Pequeña entiendo tu sorpresa pero te pido que me dejes continuar y te aseguro que comprenderás todo.

-- Está bien señor Körpii, continúe por favor.

-- A las semanas despues de aquel día, mi mano se recuperó satisfactoriamente, y la señorita Koskenniemi al ver aquello, de inmediato quiso comenzar a practicar guitarra conmigo... su entusiasmo era jovial y decidido, en poco tiempo logro aprender las reglas básicas del Blues y comenzamos a mezclarlas con sus influencias musicales, y dimos vida a un movimiento folclórico y majestuoso. Le llamamos “Rock”, con el cual comenzamos a crear sinfonías maravillosas y pegadizas. Al pasar el tiempo nos dimos cuenta que la pasábamos muy bien juntos y no solamente en el plano musical, pues al momento que nuestras miradas se cruzaban cada mañana, se podía oler un sutil perfume afrodisíaco y sublime, tanto que las palabras sobraban... (pero ese sentimiento fue nuestra ruina). Recuerdo que fue en una madrugada cualquiera de Abril, cuando nuestros labios se juntaron y decidieron que durante esa noche no se separarían ni por un minuto, fue mágico y espiritual, fue la primera vez que yo me separaba de mi cuerpo y rociaba a otra alma con mis paños de amor, fue algo mágico y sensual... (pero creo que esa parte mejor la omitiere de esta historia).

Luego al pasar el tiempo Tarja me comenta que estaba en cinta y no sabia que hacer, como te debes estar imaginando ese fue un balde de agua fría para nosotros, por que si alguien se enteraba que una mujer blanca estaba embarazada de un hombre negro, sufriríamos las penas del infierno; durante unos meses logramos ocultarlo, pero en un descuido de Tarja, su padre se enteró de su gestación y la obligó a encerrarse en su habitación hasta que le revelara quien había osado embarazarla.

Pero al ver que ella se negaba a revelar tal identidad. Llamo a sus sirvientes más leales y les ordeno que comenzaran a torturarla con baños de agua hirviendo por todas sus partes íntimas.



El endemoniado de Markus Koskenniemi mando a ubicarme, para así interrogarme, y que yo revelara la identidad del enamorado de su hija, y cuando me ubicaron, me obligaron a entrar a la habitación donde estaban maltratando física y psicológicamente a mi amada, en ese momento no pude soportar las ganas de socorrerla y salvarla de tan cruel castigo, pero esa reacción detono que a mi también comenzaran a torturarme de la misma forma que a Tarja (a quemarme mis genitales). Pero solo hasta que no soporte mas el dolor de ver a mi amor siendo golpeada en su vientre, que desesperadamente revele la identidad de su amante, y le grite en su cara, al desgraciado de Koskenniemi que yo amaba a su hija, y que el niño que ella estaba esperando era mío.

Esa confección se impregno violentamente en la habitación y en los oídos de quienes se encontraban al interior de ella; despues de eso todo fue tormento y locura. Tratar de describirte lo que viví en esos momentos me seria imposible, puesto que ninguna frase seria suficiente para representar aquello. Lo único que puedo decirte es, que mi dolor físico no se comparaba al espiritual... ¡¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh!!.......... pequeña niña Jannike... mi mente está cercenada de alguna u otra manera, tal vez no se perciben sus letales cortes a simple vista, pero yo aun los siento tan irritantes, como un murciélago sentiría a la desgraciada luz del día en un estúpido paseo matutino. En el fondo yo quiero abortar este maldito viaje, bautizado como vida... o muerte. No le encuentro ningún puto sentido a la existencia; mí mirada solo dormita noche tras noche haciéndome ver la mierda que soy. Realmente me da vergüenza ser como soy... ¿y a quien no?... son tantas mis heridas internas, que yo mismo vomitaría sobre mi tumba. (Si la tuviese por su puesto ja-ja) ¿Supongo que no es natural decir estas cosas, ni siquiera pensarlas? ¿No?... pero navego por las tinieblas, como queriendo alcanzar sus tonos grisáceos; mas este viaje es largo y tortuoso, y ni siquiera hay una mecha encendida que aclare el recorrido. Oh pequeña niña Jannike... aaaahhh... lo que te voy a contar es algo que yo mismo a veces me ciego a recordar, y es el desenlace de mi amada Tarja y mi hijo (que por unas horas alcanzo a vivir). Ellos fueron víctimas de la mente mas enferma y retorcida que yo jamas vi en vida. ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhh!... De solo recordarlo no comprendo tanta violencia.



Porque aun creo escuchar el sonido de los huesos de mí bebe, retorciéndose en el paladar ciego de Koskenniemi; aun creo escuchar como la totalidad de su frágil esqueleto se desvestía de su incipiente carne, también creo escuchar como su delgada sangre salpicaba encima de su dolor. Cuando el muy caníbal puso su pequeño cuerpo vivo en un plato, y le derramaba condimentos, mientras que mi hijo no paraba de llorar. El pánico dentro de mi no se detenía, pero mi maldito ser estaba atado de pies y manos, mientras que mi boca estaba imposibilitada para defenderlo debido a la torturante corona de espinas que me habían colocado.

Primero fue su mano izquierda en ser cortada con furia, y luego vino su pierna derecha, los bramidos de mí bebe eran chillidos espeluznantes, pero el demonio de Koskenniemi, ni por un segundo tomaba conciencia de sus actos y ni menos detenía su tortura; mas bien parecía disfrutar comiéndose a mi hijo Enfrente de mí. Como castigo por haber enamorado a su hija. Porque mientras masticaba la piel de mi crío, no quitaba su sucia mirada de la mía. Y yo mientras observaba aquella función sin poder hacer ni decir nada, sentía que mi sombra se aposentaba en las más horrorosas riveras llenas de aguas purulentas, y el escalofrío que se encarnaba en mis huesos estúpidamente me llevaba a sonreír. Pero mientras que mis labios tocaban aquella tonta reacción, los labios de Koskenniemi estaban convertidos en una cascada de sangre chorreando fluidos ajenos, completamente hipnotizado descuartizando a mí bebe que no entendía él porque de tan brutal recibimiento a este mundo. Y que solo se limitaba a gruñir cada vez mas mórbidamente, hasta que su llanto se dejo de escuchar, desapareciendo al igual que su cuerpo, quedando solamente una esquelética huella de sangre negra. Eso en cierta forma me tranquilizo, porque ya por fin su agonía había terminado. Pero yo no contaba con tanta suerte porque mi tortura estaba en su clímax. Ja –ja ver a mí bebe ser devorado como un maldito conejo, es algo alegre comparado a la forma que vi morir a mi amada Tarja. Pero la forma en que vi fallecer a mi mujer es algo que jamas te diré. Porque tu mente aun es humana y la mente humana es muy espesa, tan espesa como el fuego que quema un bosque en ruinas, un bosque saturado de vivir con sus caparazones en pie y sus almas heridas.

Y tratar de desenredar los naufragios del terror en el frenesí oculto del telar cerebral, es algo muy venenoso. Pues cada elemento que conlleva el fabricar lo temible, nos lleva a platicar con nuestros miedos internos, y una vez que estamos ahí, sus ruinas de espanto tubular no nos sonríen, ni nos suplican que nos vallamos, solo estan hay enfrente, estáticas observándonos despectivamente como un cuervo queriendo humillar al amanecer por no tener alas.





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