Las Lìneas del funeral

Las Lìneas del funeral

martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 3



Capitulo 3





Lo pavoroso es lo que me salpica en los principios de la noche





¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!



¿Dónde estoy? ¿Que fue lo que me sucedió?... Lo último que recuerdo es un maldito anciano barbudo sacándome de mi tumba... ¿habrá sido una pesadilla? S... S... Si, de seguro eso fue... así como tantas que ya he tenido después de mi suicidio; aun así, desearía que no haya sido tan solo una pesadilla, y en realidad hubiese pasado, porque la piel me debe ser arrancada de mis arterias y venas, pues a estas alturas han creído que son parte de ellas, por el solo hecho de que antes compartían la misma corriente sanguínea... y es exactamente el hedor putrefacto de mis carnes, lo que necesito para vomitarme, así podré tejer las primeras cuerdas de mi horca, con mis cueros podridamente bañados con la infecciosa orina de oscuros gusanos...



Escucho pasos a lo lejos, pasos ansiosos e insidiosos, ¿serán almas desfilando por mi aposento?, ¿O será la respuesta de aquella detestable pesadilla del demonio barbudo?

Ahora escucho puertas quejumbrosas abriéndose... ¡ahhhhhh! ¡Siento miles de puñales aterrizar en mi! Son centenares de rayos iluminando mi maldito estar. (La sensación es la misma que en la pesadilla)



-- ¿Cómo estas? – Escucho una voz raspada y sucia, con la cual solo puedo intimidarme más y más -- ¿Cómo estas? – la vuelvo a escuchar, pero ahora con algo más... -- ¿Porque no contestas? ¿Acaso te comieron la lengua los ratones? Ja - Ja - Ja – Ja...



El feo rostro de su risa retumba como un eco... y es la misma voz del tarado barbudo de la pesadilla; entonces no fue un sueño... ¡realmente me han sacado de mi tumba! Ahora no sé si reír o llorar.



-- Mujer desconocida decía tu lapida junto con tu fecha de defunción; pues entonces creo que así te llamare. Eres bastante hermosa desconocida para haber estado enterrada nueve meses... – dice mientras toca mi pierna derecha con una botella de licor destapada.



Entonces... ¿solamente fueron nueve meses bajo tierra? ¡Pues para mí fueron siglos! Quiero gritar o hablarle a esta criatura, pero tengo miedo, porque aun no sé si es un demonio que vino a buscar mi puta alma, o un borracho que me desenterró producto de su deplorable estado.



-- ¿Acaso es malvado que una pipa desnude las sumisas terminaciones de un puñado de tabaco ofrecido a ella? El placer sexual se puede interpretar de muchas formas y esta es la mía, desabrigando tumbas, y hoy, serás tú mi víctima... -- ¡q... que! ¡Este no es un infernal demonio, si no un maldito necrófilo!, y hoy seré su víctima... ¡No, no, no!.. ¡La voz no me sale, mis gritos no existen para él... el solo piensa que soy un cuerpo vació! ¡Noooooooooooooooooo!

-- Tienes excitantes piernas para estar muerta, ja - ja – ja, no solo eso, ja - ja – ja, tus pechos se ven exquisitos y tu hedor a muerte me calienta demasiado... creo que iré a beber algo mas de licor y cuando vuelva violaré tu vulva agusanada -- ja – ja – ja.



¿Se habrá ido?... al menos el olor a alcohol sí. Creo que se fue; pero a su regreso seré ultrajada, al igual que mi amiga por el perro de Ian Catam... Estoy aterrada, seré violentada de la peor forma existente, y no podré hacer nada, porque solo soy un montón de carne descompuesta, sintiendo siente lombrices podridas bailar por sus brazos descarnados. Es mi propia pudrición la quema mis orificios nasales. Lo único que me queda por hacer es crear un vortex mental que me lleve a un ambiente más tranquilo... será difícil, dada la situación actual; pero lo intentaré.

Todo da vueltas, siento una especie de sendero que me resguarda en una esfera de cristal, y me invita a navegar por recuerdos más tibios; escucho algo... una voz pagana y solitaria que me es muy familiar. Si, si, me es familiar, y podría asegurar que me dirijo a la cálida voz de Masha.



Y el silencio fue obligado a levantarse de su trono por un leve murmullo, que más bien parecía un embrujo por la inconexa formulación del sonido.



– ¡Luciferian! – retumbaba en la cueva mientras mis oídos se parapetaron detrás de la interrogación.

– ¡Luciferian! ¡Es donde ustedes están! – Dijo fuertemente la mujer detrás de la fogata -- ¡Y no se esfuercen por retener este nombre en sus mentes, porque de ahora en adelante jamás se les olvidara! --pronunció entre dientes.

-- ¿Y porque no se nos olvidara? – dije amenazante -- pero en vez de intimidarlas solo les provoqué diabólicas e insanas carcajadas.

-- ¡Porque una vez que llegas aquí, jamás vuelves a salir! – me respondió la mujer detrás de la fogata con una voz quebradiza y lúgubre.

-- Mi nombre es Masha Isokirpä, y soy la primera maldita en sobrevivir a esta podrida isla. Y junto a ustedes están Kaisa y Meiju, ellas fueron las primeras a quienes salvé de una muerte segura. Esta isla esta construida de dolor y amargura. Aquí comemos lobos, hojas y carne humana; bebemos el agua de la lluvia, pero cuando no llueve, sacamos de nuestras bodegas nuestra cerveza artesanal o más bien orina fermentada y logramos sobrevivir, pero cuando esa reserva se acaba tenemos que beber nuestra propia menstruación que es incluso más sana que el agua y los hielos que nos rodean.

-- ¿Entonces eso quiere decir que son caníbales y nos harán su cena? – preguntó Keltzivä tan o más asustada que yo.

-- Si, se podría decir que somos caníbales o algo por el estilo, pero tranquilas no les haremos daño, pero si me siguen interrumpiendo, tal vez si las mataremos -- respondió amistosamente la pregunta de Keltzivä; y tanto su mirada, como su tono de voz nos tranquilizo un poco a ambas. – Bueno, como les iba diciendo, esta isla a la cual bautice como Luciferian, es donde sobrevivimos, o por lo menos tratamos de hacerlo. Claro que no se nos ha hecho fácil.

– ¿Me convidarías mas carne? – dije tímidamente por temor a su reacción -- pero ella solo rió y dijo:

-- ja - ja - pero que mal educadas hemos sido con ustedes, por favor tomen asiento y coman más carne de lobo ja - ja... o eso creo... ja - ja. – la conversación fluyó de una manera que ninguna de nosotras esperábamos, incluso de vez en cuando se asomaron efímeras sonrisas. Pero cuando empezaron a contarnos el cómo, y él porqué de sus estadías en Luciferian, la cueva no dudó en crujir y recogerse, como señal de lamento.

-- Fue en el poblado de Viveke, al oeste de Odottaen Kuolemaa, en el año 1699 – dijo fuertemente Masha mientras observaba la endeble fogata y manoseaba las brazas con sus ojos – el 7 de noviembre – prosiguió – cuando ya solo faltaban pocos días para el festival de la cerveza, toda la gente del pueblo se preparaba para aquel gran espectáculo, en especial mi grupo musical. Nos llamábamos: Väänänen Folk, y éramos muy populares hasta ese momento. La gente disfrutaba de nuestras sonatas folclóricas y bebía cerveza al compás de nuestra divertida música. Pero ese año habíamos decidido cambiar nuestro sonido mezclando instrumentos de tierras lejanas a nuestro folklore. Era Jäcek Riihinen el encargado de nuestras líricas y del violín, y en ese momento había creado una magnificente y sublime opera llamada: “agonía o maldito poema”. Terö Nissilä tocaba el violonchelo, el clavicémbalo y la gaita, junto a Sitko Kusiin que tocaba la zanfonía, el arpa y el Laúd, y yo con mi flauta, mi Kantele y mi voz, orquestamos tal opera junto con la ayuda de nuestros amigos de la sinfónica Helsinki.

Estaba todo listo para que llegara tal día; hasta que este llegó de pronto sin darnos cuenta, como llega el vapor de una taza caliente al rostro de un desvalido mendigo entumecido.

A nosotros, nos tocaba abrir la velada, que se daría cita en el teatro Jere, para luego darle paso a la fiesta al aire libre, que duraría toda la noche; pero dada las dudosas condiciones climáticas, esta última solo se podría celebrar bajo techo.



El teatro aun no estaba repleto, pero la gran mayoría del pueblo que estaba ahí, solo pedía vernos y escucharnos, y sin más preámbulos el señor Veiko Letiinen se subió al escenario y comenzó a presentarnos, entonces tuvimos que improvisar, subiendo primero a nuestros amigos de la sinfónica. Y es así como los once artistas que nos ayudarían a tocar nuestra ópera, en minutos, ya estaban listos. La gente los aplaudió amistosamente, pero cuando subimos nosotros, el teatro pareció venirse abajo. Ja - Ja - Ja, ¡eso si que nos subió el ego hasta las nubes! después de saludarlos a todos y desearles una feliz embriaguez, los acordes detrás de mí, ardieron apasionadamente, como arde un rayo de sol en la mitad del invierno... y todas las miradas que caían sobre mí ser, producían que mis huesos palpitaran con vehemencia. Era tal la excitación que en momentos imaginaba que eran mis propios brazos los que se deslizaban por las cuerdas del violonchelo, en lugar de los imponentes arcos. El cuerpo se me hundía en el espumoso génesis, de asombradas miradas que seducidas por los instrumentos empujaban a una inconsciente desnudez.

Misticismo sobre las espectrales faldas de jubilo; fueron miles de épocas reunidas delante de una de las disciplinas más bellas: “la música”, y cuando por segundos, esta se detenía, el terror se apoderaba del teatro, por la explícita agonía de la lluvia, quien, se dejaba caer ofendida sobre las techumbres por no haber sido invitada a la función, pero sin que ella misma se diera cuenta, contribuía a la rebelión de las sonatas.

Era la sinfonía más bella y monstruosa que se posaba sobre los sentidos de los oyentes, esa música que sé auto denominaba como majestuosa y pecaminosa. Pero nosotros la llamábamos expresión de vanidad y terror, pero Terö Nissilä, la bautizo como: “Metal”. Nada en ese momento podía empañar la velada, que era intocable y sublime... solo pensar en los matices me comprimía el eco de la tranquilidad, me sentí el ser mas afortunado por estar presenciando el nacimiento de tan bella pieza musical. Entonces, mi voz desgarradamente salía desde mis entrañas, y a cada eufórico relieve de lírica, mi corazón me suplicaba que detuviera la ruptura del himen; mis piernas tiritaban y mis pechos sudaban... toda mi boca se secaba al compás de la zanfonía... sentía que iba a estallar lentamente, y que solo esa perfecta música podría reconstruir el cosquilleo de mi Apocalipsis. Me sentía en aire, me sentía en otra esfera... en un lugar solo comparable al frágil besar del ser más amado... pero más que en sus labios, era entre medio de sus sedosas tundras dolientes de tanto placer, y sus cabellos flotantes grabándose en mi cuerpo.

Los intrépidos dedos que jugaban con las teclas del grisáceo piano, contribuían a que cada rincón de la ubicación se tiñera de orgasmos concertistas, y el octobajo, mientras tanto, penetraba al arpa y parían al más elocuente desfile de enfiladas almas, que regalaban a los espectadores, destiladas esencias perfumadas incomprensibles y turbantes. El frenesí que derrochaba la lírica, hizo que mis ojos emprendieran el tejido de antiguos mares. Todo era sentimiento puro; mis cabellos se ruborizaban y un endemoniado cosquilleo seducía mi cuerpo, pero aunque todo era magia arriba del escenario, abajo, no se replicaba para nada la misma sensación...

De pronto, él público empezó a insultarnos y pedirnos que detuviéramos tan pecaminosa función. Y sin darnos cuenta, subieron soldados de caballería, con sus imponentes cotas de mallas y sus temibles espadas, imponiendo el terror de sopetón. Todo se volvió incomprensible cuando Jäcek fue brutalmente degollado por enfrentarse a unos de ellos, y después le destrozaron su violín en su ya inerte cráneo.



– ¡Su música es una ofrenda a Satanas y debe ser detenida inmediatamente! – rugió el soldado, e inmediatamente Sitko, Terö y yo fuimos amarrados mientras Jäcek se desangraba sobre el telón. Nadie de nosotros pudo hacer nada después de ver lo que le estaba sucediendo a nuestro amigo. Desde ahí en adelante, fuimos segregados y estigmatizados por practicar según ellos, el culto a Satanás tocando su * Tritón.



Luego, Sitko y yo fuimos encerrados juntos en una mugrienta celda; y de nuestros amigos, no supimos nada hasta llegar la noche, y la noticia llegó de la peor forma...



-- ¡Malditas meretrices del demonio! – Vociferó frente a nuestra celda un anciano fraile -- ¡ustedes han traído discordia y pecado a este pueblo! – Continuó -- era un anciano muy arrugado, que vestía de una manta café algo desteñida. Recubierta con algunos de sus pocos cabellos sueltos que cubrían su cabeza. En su mano izquierda, sostenía una botella de vino destapada y en la otra una Biblia abierta. -- ¡ustedes serán condenados a la horca y a las llamas infernales, y sus paganos compañeros correrán el mismo destino! – dijo desafiante.

-- ¡De que hablas maldito! ¡No hemos hecho nada malo, ni menos ofendido tu creencia! -- escupió Sitko, pero ese fue su peor error, porque el sacerdote llamó a los soldados furiosamente para pedirles que abrieran la celda y asesinaran a Sitko, por los cargos de herejía y blasfemia, y antes de que el viento moldeara la situación, mi amigo, frente a mis aterrados ojos, fue brutalmente asesinado sin piedad alguna, por centenares de puñaladas, patadas e insultos. Yo intenté hacer algo, pero el sacerdote me azoto la botella de vino en la sien, dejándome en la más absoluta inconciencia. Pero en tanto desperté, vi el cadáver de mi amigo desangrado en el piso. Muchos gritos de dolor brotaron de mí, pero nadie los pudo escuchar.



Luego de eso, me tuvieron tres días sin comer ni beber y solo al cuarto día un soldado me trajo algo de agua y comida... observar el cadáver de Sitko (que aun permanecía descomponiéndose en la celda), me mantenía en silencio, y solo abría mi boca para beber y comer. El ambiente estaba muy desconcertante; no sabía si las amenazas del fraile hubiesen sido ciertas o no, pero al mirar a mi lado, la respuesta me tocaba y eso me mantenía siempre alerta y despierta, era como si presintiera algo mucho peor que mi muerte, y que clarividente fui...

A los días siguientes, no sé cuantos, me obligaron a abandonar la celda para trasladarme a mi condena, recordar lo que se dijo ahí es algo que me hace mucho daño, pero mi suerte ya estaba echada y las brazas de mi horca engendradas. Recuerdo cada segundo de mi tortura; pude escuchar cada hebra de mi piel ardiendo en llamas, y las risas de quienes observaban se me repiten en cada noche desde aquel asqueroso día. Luego, mientras yacía en las cenizas de mi horca, logre descifrar un discurso que solo podría pronunciar una mente siniestra. Así que no lo repetiré, pero éste, trataba de que ellos bautizarían esta isla conmigo, y luego, la repletarían de futuras almas paganas.

Luego que llegue aquí, logre rehabilitarme lentamente... y así es el inicio de Luciferian; y desde ese día en este sitial he tenido que ver mas muertos que un pez bajo el mar.



* Tritón: un sonido poético, diabólico y sexual.





El relato de Masha nos dejo perplejas, casi sin saliva en la boca. Toda su historia fue tan oscura y dolorosa que hasta el viento, el escultor más incansable, dejó por un instante de moldear las paredes de la cueva. Y yo, lo único que logré pensar, fue que hay una leve ruptura entre lo que es lo correcto y lo incorrecto, y Masha nos la mostró. Nos mostró, los infectos jazmines marchitos que se esculpieron en aquellos podridos suelos, que contrastaban con los suaves telares femeninos, que habían sido tejidos donde los días y las noches son vestiduras de un ropaje. Me sentí realmente sucia e impotente al escuchar el cómo y él porque de todas aquellas hembras asesinadas y condenadas a que sus restos fueran el alimento de bestias hambrientas o sepultadas bajo la nieve sin dignidad alguna.

Luego de eso, Kaisa le pidió a Masha acaso podía cantarnos la canción que interpretó en aquel día. Keltzivä y yo nos miramos sorprendidas sin decir nada, pero estoy segura que pensó lo mismo que yo, ni ellas mismas se conocían, ni se tenían confianza, tal vez la misma pena las hacia convivir sin querer saber nada mas de la otra por las traumáticas vivencias detrás de su estadía en la isla. (Pero eso jamás se los pregunté) Masha le hizo señas a Meiju en un código que ella entendió, y luego Meiju se levantó mimetizadamente y abandonó la mesa. A su regresar, trajo con sigo un objeto muy macabro que nos asusto mucho.



Era un cráneo humano, con un hueso largo saliendo por su frente y con algunos cabellos, también humanos decorándolo, retrocedimos muy aterradas, pero Meiju nos explicó que eso era un instrumento musical fabricado por ella. Eso nos dejo perplejas y solo le creímos cuando Masha empezó a sacar sonidos del cráneo.



– Cumpliré tu deseo, Kaisa, interpretaré para todas ustedes un trozo de la opera de aquel fatídico anochecer -- dijo Masha mientras afinaba su instrumento y comenzaba a cantar su himno:





Agonía o maldito poema



Es su amargo veneno que arde bajo la luna menguante con un leve

Malvado y letal retoño de carnal y burda sensualidad

Que sé convierte en una esfera brillante de macabra intimidad.



Es tu armadura de soledad dominadas por el capricho a la humedad

Y a las gentiles sonrisas absorbidas con atención por el rocío de las sabanas.



Y los destellos de lo pecaminoso que su masturbación sombría y eretisma abertura

Provocan en mí un estruendo galopante de peldaños maliciosos

Sobre la magia escalofriante de su arte esculpido.



Insinuantes desfiles de mis gotas de piel sobre la crudeza de su sádico linaje

Que desentierran caricias plateadas, que me hacen sonrojar y llorar

Cubriéndome en un ritual de latente dolor.



Quisiera no haber estado presente en otoños desteñidos, ni en negros inviernos

Solo desearía no haber navegado por ninguna luz y no ver todo a mi paso.





-- Esa es la única parte de la obra que logro recordar, antes de que nos azotara un apoteósico sismo e hiciera que cayéramos en un pánico colectivo.

-- ¿Que fue eso? – pregunté a los aires, pero Masha atrapó mi pregunta y la desvaneció al instante.

– ¡Se trata del maldito barco que viene a botar cadáveres inocentes cada seis meses!

-- ¿Que? – preguntó Keltzivä, y antes de que nos diéramos cuenta, ella y yo nos vimos envueltas en medio de un soberbio plan.

-- Kaisa, toma tus armas y ve al punto estratégico que te asigne, y tú, Meiju avisa a las demás, y diles que nadie actúe hasta que yo lo diga. – Vociferó Masha – rápido, rápido no hay tiempo que perder.

-- ¿Las demás? – pregunté, pero de respuesta solo recibimos, un crudo y violento ataque de parte de Masha, quien después de golpearnos, gruñó hacia nosotras mientras se colocaba una corona de espinas.

-- ¡No se entrometan ni para bien o para mal, esta es una situación que no entienden, ni les compete entender! -- y en segundos, quedamos malheridas y solas en la cueva, preguntándonos mutuamente ¿qué estaba sucediendo? Y Keltzivä que era más valiente (o más tonta) que yo, salió de la cueva, desapareciendo entre las sombras, y reapareciendo minutos después.

– Jannike, tienes que ver esto -- me decía algo atolondrada.

-- ¿Que sucede? -- y antes de tener mi respuesta, me sujetó del brazo y me guió detrás de una gran roca cubierta de nieve; para parapetarnos.

– ¿Vez eso Jannike?

-- ¿Que cosa? – dije.

– Pues ese barco.

– ¿Que barco?

-- Ese, el que esta justo enfrente de nosotras – me decía mientras apuntaba hacia adelante.



Y de pronto lo vi... era un gigantesco barco que más bien parecía un castillo gótico flotante, y muchos soldados que descendían con sus rostros cubiertos con paños de color verde. Y algunos, meneaban sus manos como señales a los otros, y ocurrió lo que Masha nos advirtió: grandes cantidades de cadáveres eran desembarcadas con sus rostros deformados y sus cuerpos partidos; desde la distancia que estábamos, incluso podíamos ver sus riñones disecados, sus páncreas mutiladas... sesos machacados e infestados de lombrices asquerosas y soberbias. Algunos cadáveres tenían sus ojos reventados y otros en lugar de sus ojos, tenían sus orificios oculares tejidos con hilos deshilachados, otros carecían de extremidades, y los más desafortunados, más abajo de su ombligo no tenían piernas sino tubos digestivos y pulmones hinchados por la sangre aun no coagulada. Vértebras desfiguradas, órganos solitarios, bañados en vómito seco, cabello quemado, huesos faciales rotos revueltos en un sin fin de tripas reventadas. Solo algunos, despojos se mantenían con forma humana, el resto era solo una verdadera mierda mortal.



La maldad de los soldados no tenía límites... mientras la gran mayoría, solo vomitaba por lo asqueroso del paraje; tres insanos soldados se turnaban para masturbarse en el trasero de una hembra desnuda (aparentemente degollada), mientras reían y se mofaban con insultos de la memoria de aquel cuerpo femenino, a vista y paciencia del resto.

En un movimiento, y casi por inercia, miré a Keltzivä, y cuando la observé, me vi totalmente reflejada en sus hinchadas esferas oculares con relámpagos rojos. Ambas sentíamos impotencia e ira por estar presenciando la más inhumana función.

Cuando volví a mirar a aquella latente y maldita visión macabra, mi corazón latió a mil revoluciones por segundo, cuando mis ojos le avisaron a Keltzivä que una mierda de soldado se aposentaba delante de nosotras.



-- ¡Ahhhhhhhhhh! -- mi conciencia se disparó, pero mi boca la ignoró, y el cráneo de mi amiga pagó mi cobardía, desenvainado sus sesos sobre mí... el crujir de su cabecilla es una hipócrita tonada que hasta el día de hoy puedo desnudar. Cuando divisé como se enjuagaban con sangre los pálidos cabellos de mi única amiga, logre rugir tan fuerte que hasta el mar se detuvo por la confusión y cuando mi cobarde humanidad volaba por los aires en dirección al asesino de mi única casi familia que quedaba con vida, se escucho un gutural cuerno que logro descongelar centenares de capas de nieve que durante años habían cubierto esa puta isla; de pronto, salieron cientos de guerreros cubiertos con mantas negras. Armados con lanzas rabiosas, los dirigía el guerrero con la lanza más valiente y poderosa, en cuya cabeza brillaba una fulminante corona de espinas. Gritos de misterio flotaban sin cesar, mientras yo forcejeaba con el fornido y repulsivo soldado, sin esperanzas ni posibilidades de vencerle. Apareció el guerrero coronado con una ensangrentada espada, vomitando esperanzas a mi favor... cerré los ojos y escuche cuatro o tal vez mas puñaladas, y cuando los abrí el soldado estaba tendido en la nieve, desangrándose lentamente.



-- ¡Malditas puercas imbéciles, les dije que se quedaran en la cueva! ¡Esta no es su guerra, ni si quiera saben que es lo que lidero! – dijo el guerrero coronado, que en realidad se trataba de Masha, quedando así sometida a su veredicto y sentencia. Pero el fuego que se había encendido dentro de mí, casi hizo que reclamara su ofensa, pero mi inteligente mente desenredo el dilema y solo la mire despechadamente, dirigiendo mis lágrimas hacia mi amiga.

– Lo siento, es lo que estaba tratando de evitar... – me dijo intentando consolarme, pero su compasión es algo que me irritó aun más, y en vez de sostener el cuerpo de mi amiga, sostuve la espada del soldado, la levanté y le vociferé incluso más fuerte que las olas lo hacen a los glaciares para que salgan de su curso: -- ¡No nos compadezcas! ¡Luchare en esta batalla aunque perezca en ella, y claro que no sé tus motivos, pero sí sé los míos!... -- y antes de que Masha intentara detenerme, me deje caer en llamas sobre esa cruzada infernal...



-- Clik, Clik...

-- ¿Qué es sonido? ¡Es semejante a una botella chocando con todo su alrededor! Clik, Clik... ¡Ahí esta otra vez! Si es él, es mi verdugo. Debo hacer algo, ¿pero que mierda puedo hacer? Estoy a la de merced de un zarrapastroso necrófilo... nadie puede ayudarme... soy solo una estúpida cáscara femenina que excita a un ser virulento. Es él quien me poseerá aunque mi magín lo satirice. Soy el despojo de una puta existencia que algún Dios olvidó. ¿Ganesh?... ¿Jesucristo?... ¿Buda?.... ¿Satán? ¡Que más da! ¡Para mi no hay ningún estúpido Dios, jamás estuvo cuando vivía! ¡Cuándo aun podía desternillar de verdad, cuando la miseria y la hambruna me bañaban cada mañana! ¡Cuándo mi desayuno solo era lo que lograba robarle a algún descuidado... cuando lograba desayunar! Mi mente a estas alturas ya esta alterada. Que más da lo que me suceda... o mejor dicho lo que le suceda a esta porquería de carne adjuntada, que más encima con sus extremidades solo forma una harapienta vulva pútrida.



Yo solo creo que la vida es nefasta, o al menos la mía lo fue. Siento que mi existencia fue una imperfección del paisaje; que ensucio todo lo que toco, mejor dicho lo pudrió y lo despego de su alma.

Los que me odiaron, quisieron mi desintegración, y todos los que me amaron también, y no los culpo, porque soy un vortex entre lo repelente y lo sano. Todo lo que pensaba estaba rodeado de una especie de fango impuro y fétido, lleno espectros helmintos de otras épocas. ¡Escucho voces que suplican mi ruina y otras mi muerte total y mi voz no se atreve a contradecirlas! Estoy rodeada de una picazón poco investigada e inmortalizada en los libros.

Es el sonido de la puerta de esta habitación que sé esta abriendo, si yo aun manejara este cuerpo de seguro apretaría los dientes, en señal de mi espanto (pero no puedo). Esta entrando una pequeña luz materializada en cristal, es poca pero por lo menos me deja ver el techo.



– ¿Cómo has estado preciosa, me has echado de menos? – no cabe duda; es el bastardo necrófilo el que me habla, y aparentemente, por lo difuso de su comentario, me atrevería a decir que se encuentra más ebrio que antes. Escucho mucho bullicio, de seguro esta tratando de equilibrarse pero solo consigue chocar con todo. – ¡Hippp!, No puedo mantenerme en pie d... de... desco... descono... desconocida... ¡hippp! Ja - Ja - Ja – ahora penosamente esta pronunciando algo, y me habla este imbécil borracho... mientras sigo escuchando sus tropiezos, pero ahora mas cerca... mucho más...



Y un manto de silencio cubre y disipa la escasa luz de la habitación. Oscuridad... solo eso queda visible, mas el dolor insostenible se subraya y se hace heroico... cerrare mi espíritu, pero eso no impedirá el reventar de mis escudos... una tras otra, las lombrices desistirán de protegerme y protegerse a sí mismas y serán el alimento del placer de una mente morbosa que gobernara sexualmente mi podrido cadáver, pues... lo pavoroso es lo que me salpica en los principios de la noche... sin que nadie pueda impedirlo.







2 comentarios:

  1. Muchas faltas de ortografía, así lamentablemente no dan ganas de seguir leyendo.

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