Las Lìneas del funeral

Las Lìneas del funeral

martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 6








Capitulo 6






¿Merece ser crucificado quien desea serlo?









Recuerdo que las dulces botellas de licor estaban casi en su totalidad eclipsadas por el vacío de mi desesperanza, al igual que las provisiones que poco a poco se estaban evaporando, y por más que tratara de racionarlas me era imposible, debido a la angustia de no encontrar tierra firme. Porque por más que mirara a mí alrededor, todo era parte de un mismo recuadro, inclusive me daba la impresión de estar encarcelada al interior de un gran espejo. Ello me daba mucho miedo, algo me decía que moriría de hambre o de frío, en la más completa soledad.

Es algo tragicómico, pero también recuerdo una extraña sensación de estar llegando al final de mi camino, sentía que el aire se congelaba encima de mis hombros, y que nerviosamente me susurraba levitantes y desafinadas notas de amargura, semejantes a los acordes de un piano maltratado y manipulado por cientos de arañas enloquecidas. Hay fue cuando sentí mi vida acabada y desgastada, realmente dude que en algún momento lograse reconstruirla; porque lo que algún había sido, ya nunca mas volvería a ser, debido a que aquellas memorias de inocencia ya habían sido ultrajadas por la espesa concavidad interior de sentimientos confundidos. Aquellos fueron momentos de mucho sufrimiento, al no poder comprender, ni menos saber el minuto exacto en que todo se me había derrumbado.

Por tanto aquella emoción era como un hacha incrustada en mi cuello, y ya no era capaz de seguir ignorándola.



Mi mente estada retorcida y malherida, pues el haber perdido uno a uno a mis seres queridos y el estar navegando sin rumbo, me daba la impresión de que no pertenecía a nadie, ni menos algún lugar; todo era casual y desechable…y ya la vida no tenia sentido para mi.

Sentía un enorme e insostenible ataque de suicidio; ataque de suicidio que días después se concretaría sin reparo alguno en una realidad diseminada. Pero si hoy tuviese la posibilidad de regresar en el tiempo, no dudaría en volver a ese preciso instante y haberme detenido, pues después de todo lo que he tenido que soportar debido a aquella decisión, puedo sinceramente agregar a los vientos que me arrepiento mucho de haber separado mis venas de su carácter astral. ¿Pero como haber ignorado el desamparo de despegar mi alma de su núcleo terrenal? ¿Cómo?... no lo se… pero fue y es esa misma interrogante la que ahora me hace pasar a hacer el tejido lineal de un susurro surreal, y no solamente eso porque junto con ello, mi sangrienta fisura facial paso a llenar el cojín de mi muerte, con miles de partículas de piel viva. Es hay en donde imagine poder oler los colores, y tocar los olores, pero en realidad solo estaba nadando por los últimos reflejos solitarios de mi vida, mientras suplicaba el destierro de mi orfandad depresiva. Oh!... malditos pedazos de luceros vacíos que me nublaron hasta el punto de conseguir que cortase mis hilos carnales con un torbellino de cristales unidos.



Lo que en un principio prometía ser mi último viaje, en realidad seria el inicio de una eterna maldición, llena de contrastes aguijoneados a los lados más ocultos de la mente. Soy y fui deseo. Un deseo maleducado y poco dúctil, que me llevo a volar por senderos podridos o tal vez tan solo parajes mimetizados. Ahora solo inhalo lo pasado, queriendo borrar lo besado, golpes y más golpes emocionales que no cesan de halagarme y hundirme más y más en mi depresión. Vomitaría en mi piel, si aun la tuviera cercana a mi realidad, pero solo puedo seguir adsorbiéndola… me convierto en el humo de mis sonrisas despechadas, mientras me contemplo en penumbras. Soy y seguiré siendo mi pasado, porque me atemoriza el presente y el futuro.

Cabellos ignotos que me llenan de regocijo sucio y momentáneo. Cabellos de dolor enfermizo. Necesito un descanso en los brazos animados de mis glorias internas; no puedo seguir nadando en papel mojado por labios libidinosos. “Lamento” es el nombre de mi larga canción a seguir, y mis fantasmas son sus notas apocalípticas, que gracias a ellas ya no escucho ni mi voz y solo obtengo decapitantes susurros.



Aaaahhhhhh…. Quisiese morir, ya no puedo mas, lo digo y lo sostengo; tengo tanta agonía en mi alma que ya es una roca muy pesada, quiero morir realmente porque soy un árbol junto a un río que día a día se pudre y se ahoga con el agua que moja su cubierta, y deja sus raíces al descubierto. Esas raíces que no me dejan caer en el río y perderme en el olvido. No quiero seguir recordando, no quiero que nadie sepa que existe tal nivel de dolor, el dolor de caer mil veces y estar obligado a sostenerse en pie, puesto que ya no lo disfruto; ya mis memorias están bañadas con sangre espiritual, mis sesos son como una calabaza ahuecada y dejada muchos días al sol, ya no puedo sostener mas mis recuerdos dolorosos, ¿cuando va a terminar? ¿Es acaso mi lamento invisible?... ¡Quiero morir! pero no puedo volver a suicidarme. Y he aquí donde mi irrealidad comienza y termina, sin que nadie pueda olerla, ni presentirla.





-- Toc – Toc

-- ¡Ese sonido! – es Koskenniemi golpeando la puerta

-- Permiso desconocida, soy yo Koskenniemi y deseo entrar a la habitación, siempre tan silenciosa pequeña, sabes eh tomado una determinación que te incluye a ti y a todos los cadáveres encontrados en esta sala… la decisión es poner fin a mis días, volándome los sesos con una de mis escopetas, pero no sin antes hacer arder esta casa, para que así mi cuerpo se convierta en cenizas y también para no dejar rastros de ustedes. El lamento ya toco mi alma, pues siento que mi vida ya es solo una mugre que danza entre la orfandad del pecado. Descuartizare mi ilusión humana tan rápido que nadie sabrá nunca como recordarme, solo podrán invocar el réquiem de mi sombra. Y ustedes cadáveres pasaran a ser una brisa perdida en el pico de una montaña sepulcral o un vomitorio puñado de células humeantes, queriendo adelgazar la fresca evocación del polvo ordenado. Sea como sea, ello de una forma u otra, me hace sentir mucho miedo, porque ya no distingo entre lo que es real y la fantasía; puesto que ahora solo soy un piano mental nutrido de finales… así que esta será nuestra última noche de pasión, a causa de que luego de acabar en ti, me volare los sesos, y prenderé fuego a esta casa; y eso comenzara en el momento que introduzca mi erección humana entremedio de tu seca y endurecida vulva; y eso será… ¡ahora! ¡Ja – ja – ja!...




                                                                      FIN

              























Capitulo 5




Capitulo 5



Solo dejare de llorar cuando mis ojos se vuelvan blancos









Fue después de la ultima gota de licor que bebí ¿o al menos eso creo? ... aquella última secuencia de brebaje que sorbí en mi paladar crudo, de la botella que Masha me obsequio segundos antes de la última mirada de despedida.

Aquella amarga estancia en esas tierras es algo que nunca voy a superar, puesto que hay no solamente me desprendí del ultimo ser querido, sino que de algo aun más trascendental para mí, pero ello lo fui averiguando a medida que mi balsa se movía lentamente sobre las oscuras aguas del que para ese entonces fue mi ultimo viaje.

Los tragos de licor que se hundían en mi garganta, eran como tragos de papel. Eran tragos difíciles de digerir, porque por mas que miraba a las estrepitosas aguas, mi mente no podía quitarse los rostros de quienes hasta ese entonces se habían cruzado en mi camino y habían marcado su recorrido en mi.

Mi madre, por ejemplo, aquella dulce y fértil orquídea nacida en el lodo más venenoso, y que no pudo soportar mas seguir viendo sus días, sin ningún cambio radical, y decidió quitarse la vida sin mayor reparo. Oh!... pero ahora creo que no debí pensar mucho en ello, pues eran los recuerdos más negros que podía rememorar, y si tan solo hubiese podido extirparlos de seguro en estos momentos la costura de mi alma no estaría tan curvada.



A lo que cayó la noche sobre mi existencia, me encontraba completamente ebria, ni siquiera podía tomar los remos con fuerza, así que decidí dejarlos en la balsa y dormir, y que la madrugada guiara mi trocha.

Cuando desperté la desgraciada ruta seguía igual de inhóspita y sombría, lo único que había cambiado era las mejillas del cielo, puesto que ya no eran tan pálidas como al momento que me dormí, si no que ahora eran negras y graníticas, estaban cargadas de una atmosfera liquida. Comenzaría a llover y yo no tenia nada para cobijarme, me empaparía si no encontraba luego algo donde protegerme, pero por más que miraba en todas direcciones, nada era diferente. Pero algo tenía que hacer y dejar de llorar mi desgracia, así que tome los remos y comencé a remar fuertemente en dirección norte. Pero mis intentos por huir de aquella tormenta fueron inútiles, ya que de todas formas nada pudo impedir que me mojara hasta los huesos.

Creo que llovió por casi cuatro días y cuatro noches seguidas, y durante esos días, solo me dedique a llorar y maldecir mi fortuna, pero algo en unas gotas tibias que cayeron en mi rostro, me hicieron comprender que mi fortuna no era la mas desdichada. Me hicieron analizar que por una parte era agradable encontrarme sola, porque en cierta forma la soledad es una buena amiga y consejera. Al estar sola me conocería más, vería todo con más claridad, pero por otra parte si me sucedía algo estaría totalmente indefensa, eran las dos caras de una situación.



-- Señorita Jannike... ¿esta despierta?

-- Sí señor Körpii... estoy despierta, aun no puedo concebir el sueño

-- Entonces señorita Jannike ¿le puedo preguntar algo?

-- Si claro, usted puede preguntarme lo que desee, pero yo veo si le respondo o no.

-- Claro… ¿Usted de que murió?

-- ¿Mi muerte? yo... yo me suicide...

-- ¿Suicidio?...

-- Sí, suicidio.

-- ¿Y puedo saber la razón?

-- ¡No!

-- Entiendo

-- No es nada personal señor Körpii, pues para mí es algo muy difícil de transmitir

-- No se preocupe señorita, hay cosas muy duras de transmitir, y no dudo de sus motivos… -- ¿Le gusta la lluvia señorita Jannike?

-- ¿La lluvia?... si me gusta mucho, cuando estaba viva y deseaba estar sola para pensar con tranquilidad, gozaba caminar por la lluvia y desaparecer entre ella, y que nadie pudiera oír mis dilemas existenciales

-- ¿Desearía poder volver a sentir la tranquilidad de la lluvia en su ser?

-- Si claro, es algo que anhelo día a día, noche a noche, pero eso es solo una fantasía, a causa de que ahora mi realidad es muy distinta, ya que la única agua que puedo sentir, es la transpiración del bastardo de Koskenniemi, cuando ultraja mí cáscara agusanada.

--… Yo también a veces deseo lo mismo, pero lamentablemente no se la forma de resucitar, pero si se la forma de morir definitivamente y que este maldito sueño que se llama vida se apague eternamente.

-- ¿Qué?... ¿Como es eso que usted sabe la forma de morir definitivamente?

-- Si querida niña, escuchaste bien.

-- ¿Y como es? ¿Y porque usted no lo a hecho hasta ahora?

-- ¿Porqué no lo he hecho hasta el momento?... Bueno… pues no puedo. ¿Y como es?... bueno la única forma de morir definitivamente, es que quemen el cuerpo hasta que solo queden cenizas y así el alma arda y se extinga.

-- ¿Y usted como sabe eso?

-- Yo se muchas cosas mi niña acerca de la muerte… pero lo que no quisiera saber de ella, es que yo ya no es aire lo que respiro… si no cenizas, cenizas de cenizas fuliginosas, que no me dejan mas que una silueta de una hoja marchita. Mejor dicho la silueta caída de una hoja marchita, y es esa hoja marchita la que esta impidiéndome que pueda ver mas de lo que el pasado dejo en mi. Ese pasado tormentoso que me besa y me desprecia a la vez. Pero no puedo tocar ese pasado, pero el si a mi…tampoco le puedo hablar, pero el si a mi.

Me lastima y me hace infeliz. No puedo dejar de llorar, pues se que el fin nunca llegara… Pero prometo que olvidare la tormenta sombría que esta destiñendo mi mirar, lo are, aunque me resulte difícil, lo are. No obstante se que con ello la muerte comerá de mis manos y beberá de mi purulento manantial, y me dejara como un gusano demente y mal herido. Pero eso no me importa, pues es un precio que estoy dispuesto a pagar, con tal de conseguir que el desgraciado pasado deje de burlarse en mi cara. Que me recuerde día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, que esta ensuciando mi alma y mi mente, con sus besos llenos de veneno que pudren mis entrañas, y las hace arder en llamas.



-- Señor Körpii, usted no es el único que se baña con el dolor; mi espíritu también sufre noche tras noche en este cadáver decadente, que es incapaz de autodestruirse y demostrar al exterior que ya no puede recibir más daño, que ya su capa celular ya fue corrompida por los látigos del lamento ajeno. Pues ya mucho tiempo ha pasado que mi cuerpo ya solo quiere recibir algo de calidez, y ternura sincera, y ya no ser más abrazado por la necedad de quien solo lo utiliza para destrozarlo y luego traicionarlo. Mi calvario es un ayuno de tinieblas. Y mis extremidades el hambre de la hipocondría. La angustia raspa mis ojos desde dentro y no deja que mi lluvia interna de paso a futuras estaciones. Cuando cierro mis ojos, mi boca sonríe, pero mi espectro llora, porque ya no aguanta mas la despreciable soledad, estoy sola y todo mi entorno me lo recuerda. Ya no quiero más que mis caricias se peguen a traicioneros témpanos de hielo. Pues ya mucho me han lastimado y humillado.



-- Hola mi querida desconocida… ¿Como has estado? ¿Me has echado de menos?

-- ¡Koskenniemi!...

-- Estábamos tan concentrados en nuestra conversación, que no nos dimos cuenta de su entrada mi niña Jannike…

-- Si señor Körpii, no nos dimos cuenta de su desagradable aparición.

-- Veo que no me respondes desconocida… ja – ja – ja, soy tu amante, tu necro amante. Estaba bebiendo algo de licor y me acorde de ti, pero no en el plano que tu crees, si no que a veces necesito compañía; me sentare a tu lado mi amor, y te relatare algunas cosas de mi -- ¿Qué te parece? – bueno por tu silencio me imagino que no te molesta --. Sabes… yo antes tenia una familia; tenia una mujer muy hermosa y una hija igual de igual rutilancia; mi mujer se llamaba Pekka Rantanen y mi hija Tarja Koskenniemi, pero mi bella familia con el tiempo se derrumbo y fue corrompida por mi amada esposa, fue ella quien destruyo lo hermoso que habíamos construido, fue su macabra traición la que inicio un deprimente espectáculo de debilidad carnal. Yo antes de su traición la amaba mucho, pues era con ella con quien yo sentía todas las vibraciones de la vida. Como no recordar cuando me llevaba hasta sus entrañas, como no haber amado dormir encima de su vientre fino, mismo que a veces de tanto placer no me permitía salivar, vertiéndome en una danza interior; y que en esos momentos todos mis sueños se resumían a ella, y a sus levitantes y calidos manjares lunares. Como no haber amado su tierno trigal que me besaba lentamente cuando yo se lo pedía, Pues ella convertía mi rostro en una suave tela incolora, que solo podía ser pintada por su apacible almíbar plateado. Pero todo ese amor fue arrancado de mi corazón al momento de verla, a ella, mi dulce mujer, bailando el tango del placer en nuestra cama con otro hombre.

Cuando vi aquello, mi alma se comprimió y no pude reaccionar, quedándome perplejo, observando como la mujer que yo amaba hasta entonces ensuciaba mi mente. Sentí que mi cuerpo no valía nada, que solo era un vil estropajo, vi mi sombra podrida y sentí mis sentimientos en llamas, estaba negro de odio, y en mi mente solo me podía repetir unas frases que hasta el día de hoy me acompañan, y eran: -- ¡esto no es lo que merezco, pero es lo único que recibo; podrido, podrido, los segundos son mis enemigos, soy pestilencia, soy un asco, soy lo que el infierno rechaza, me extingo! ¡Mucho me han lastimado en el pasado, tanto que no recuerdo cuanto, pero esta traición me lleva a una seca y decapitante tortura. Ya no puedo retener más odio, mi concavidad cerebral ha caducado y mi piel ya se descuece, mi mirada se ha dirigido a la máxima oscuridad y es lo único que pueden reflejar, ¿como es posible que nada mas pueda sentir? ¿Como es posible que todo lo que entregue fue invisible? ¿Acaso mi cuerpo y mis sentimientos son netamente pura basura? ¿Que es lo que hay de malo en mí? ¿Qué? -- Pero súbitamente mi mente se apago y deje de preguntarme tantas cosas y tome las riendas del asunto, pero no violentamente, si no que increíblemente todo lo contrario a pesar que la sensación de traición me llenaba el cuerpo de mugre desconocida, y lejana a mi. Salí delicadamente de habitación y ordene a unos esclavos presentarse ante mi, y luego de un rato tenia cuatro esclavos en las afuera de las puestas de lo que antes había sido mi nido de amor. No tuve que esperar demasiado para ver como mi amada salía perspicazmente junto al esclavo. Y se enfrentaban a la presencia de mis guardias, entonces yo me acerque a ella delicadamente, mientras aplaudía mis palmas despectivamente, y sin decirle nada a ella, ordene a dos de los esclavos apresar a mi mujer y llevarla a la celda de castigo, al resto de los esclavos les ordene que llevaran al amante de mi mujer a mi despacho. Hubo un gran alboroto, mi mujer no cesaba de repetir que no entendía lo que estaba aconteciendo y yo cada vez que escuchaba sus suplicas mi corazón se destruía, ya al rato después, me dirigí a hablar con el esclavo a mi despacho. Y cuando lo tuve enfrente, mí alma se lleno de amargura, pero cuando lo mire directamente a los ojos me di cuenta, que el no era culpable de nada, que el solo era un pobre lacayo que obedecía ordenes de mi esposa, y al escuchar su versión comprendí todo; el no era culpable de nada, porque la meretriz había sido mi mujer y era ella quien merecía las torturas del infierno, que luego me encargue que recibiera. Pero en ese momento me compadecí del esclavo, porque en cierta forma le estaba agradecido por mostrarme con la clase de rata que estaba casado, para su sorpresa le di libertad, con la única condición que no regresara nunca más al pueblo. Cosa que el accedió de inmediato. Luego de ello me dirigí a la habitación de huéspedes a descansar y meditar, no pude ir a mi antigua posada debido a que me daba asco su olor y esencia.



A la mañana siguiente fui sorprendido con la voz de mi hija que en ese entonces solo era una criatura de diez años.



– ¿padre mío donde esta mi madre? -- Cuando Tarja me pregunto aquello no supe que responderle y quede en blanco, pero solo hasta que Tarja volvió a preguntarme.

– hija querida, tu madre fue a visitar a tu abuela – le respondí

-- ¿y por que padre?

-- porque tu abuela esta muy delicada de salud y tubo que ir de inmediato sin poder despedirse de ti

-- ¿y va a regresar luego? – me pregunto acongojada

--no lo se hija mía – le respondí sonriente

-- la extraño mucho

-- yo también hija mía, pero recuerde que ahora usted ahora tiene que ir a desayunar, para luego ir a sus clases de piano

-- usted no desayunara conmigo padre – me pregunto nerviosa

-- no hija, yo ahora estoy muy ocupado...



Ufff... ¿Como podría expresar la nostalgia que sentí en ese instante? ¿Cómo?... Ufff... no puedo negar que he pensado mucho en mi antiguo hogar, tanto que casi podría decir que ha ocupado la totalidad de mis memorias, y es muy angustiante recordar sus gruesas e imponentes paredes, donde a veces me gustaba imaginar que eran parte de un castillo, de mi propio castillo; y que nada ni nadie podía arrebatármelo sin antes batirse a duelo conmigo. Ja-ja pero que tonto era, jamás conté con que el destino me empujaría a lo incierto. Y jamás conté que mi ángel me aria caer en un pozo negro y pútrido, rodeado de mutantes criaturas de fuliginoso poder. Durante tres días completos no me acerque al calabozo donde estaba encerrada mi amada, pero si durante esos días les ordene a mis esclavos que le proporcionaran comida y bebida. Solo al cuarto día pude recién arbitrar nuevamente la realidad. Pero no lo hice directamente, más bien indirectamente porque solo me dedique a dar órdenes y fiscalizar que se cumplieran. Mi primera orden fue la que encapsulo mi desprecio hacia ella, hacerle sentir la real magnitud de su pecado. Pero a decir verdad, no creo que allá sido tan macabra en realidad, porque la tome pensando en sus bajos instintos, y en su insaciable deseo carnal. La decisión que tome fue drástica y sencilla, consistía en que noche tras noche tres esclavos, junto conmigo nos dirigiéramos a su celda, y ellos la violaran, mientras yo solo me sentaba a fumar tabaco y observar el espectáculo, escuchando sus infernales bramidos. Con el pasar de los días, cada vez le sumaba mas esclavos, inclusive un día llegaron a sumar once en total, -- ja - ja- ja -- era una función cada vez mas asquerosa, pero reparadora.

Al pasar un mes, ella estaba casi en los huesos y ya casi no emitía sonido, más que sus hipócritas lagrimas, tratando de persuadirme para que la liberase o la matase. Lo primero jamás ocurrió, pero lo segundo si, no literalmente, pero las garras de la muerte al final del segundo mes, fueron mas fuertes que su ser. La real causa de su muerte se debió a la desnutrición absoluta, al menos eso fue lo que me informo un esclavo; “una miserable muerte para alguien igual de miserable”.

Después de su fallecimiento, debo confesar que mi órgano vital ya no era humano, si no que bestial, pero de igual forma al caer la noche me anime a visitar su lecho de muerte. No se cuanto tiempo estuve observando su cadáver, pero fue mucho tiempo, tanto que mientras mas miraba su simetría, en mi medula cerebral se ordenaban frases, que mas bien parecían una líricas fantasmales, poéticas y nostálgicas, y era mas o menos así:





Amante furtiva de remembranza centurial





Desde la distancia logro escuchar el trazo de tus ojos y el agudo coro de tu gélido pensar

Pero en la cercanía tú reflejo ya no esta

Mas mi mirada es triste y vacía

Tan triste y vacía como la mañana de un trueno que ruge al no poder despertar

Solía sentir tus copas arroparse en mis manos

Pero ya tus lluvias se han marchado y me han dejado montado en una celda difunta más allá de lo sagrado.



Amante furtiva de remembranza centurial

Fuiste mía y de el mientras el brillo de mi aura fulguraba carnaval



Fue tu abertura de sestear lo muerto a cambio de lo vivo



Más te digo primigenia diosa que mi desconsuelo no se compara al de los cinturones lácteos

Porque ellos solo en mil años mas podrán volver a destellar el claro de luna que nos cedieron



Amante furtiva de remembranza centurial

Fuiste mía y de el mientras el brillo de mi aura fulguraba carnaval



Fue tu abertura de sestear lo muerto a cambio de lo vivo



Dejaste de vestirme en el extenso mundo desconocido antes de que cayera el sol

Solía sentir tus copas arroparse en mis manos… ¿solía?





Luego de recitarle aquella poesía, seguí observando su cuerpo tendido en la sombría superficie, mientras más lo observaba, en mi despertaba una inaudita y desconocida pasión; deseaba poseerla, deseaba que mi ser entrara en ella, la extrañaba tanto, y no pude contener la emoción de volverle a hacer el amor, entonces desplome sobre ella, y le berti emociones cósmicas para que nuestros corazones volvieran a latir al mismo compás… pero su corazón ya no latía, (y no ha latido desde entonces).

Al momento de ello, la sostuve en mis brazos y la lleve a la que antes había sido nuestro nido; la lleve con muchísimo cuidado, para que nadie nos viera; para mi suerte así sucedió. Ya al interior de la habitación, despoje íntegramente su cuerpo de sus aromas neutros, y sus ropas de poco valer, luego meticulosamente me preocupe de arroparlo con fundas vírgenes, acomodando almohadones emplumados. Pero al momento de hacerlo mi nostalgia hacia crujir la litera y mis manos se acunaban el aura de mi amada, y por segundos ello hacía que sus ojos se entreabrieran, regalándome por ultima vez, el placer de verme reflejado en su ser, pero para mi sorpresa, por mas que me acercara a ellos, sus ojos ya no me reflejaban, porque ya solo eran una masa inerte cubierta con retoques de orgasmos fallidos.

Mi pena fue inmensa, porque las cortinas de la habitación, ya no dejaban entrar a la luz de la luna, si no que solo se dedicaban a reflejar la agonía de las sabanas al exterior. Aquella agonía que solo pueden sentir unas hebras pulidamente seleccionadas, orgullosas de sus costuras, que de pronto pasaron a ser unas hebras sombríamente amortajadas. Y eso era mi culpa, porque fui yo quien puso a la muerte en el trono de mi nido, y por consiguiente, todo lo que aun se mantenía con vida pereció. Los mueles, las paredes, los cuadros e inclusive los robustos ventanales, pasaron a ser parte de un impensado cementerio, de un impensado y siniestro nicho pútrido.



Mientras tanto las horas parecían no avanzar, y por más que le rezaba al reloj para que dejara caer rápidamente sus granos de arena en su fondo, el se encontraba en mi contra o deseaba ver paso a paso el desarrollo de mi macabra obra teatral, pero yo ya me encontraba muy desgastado para seguirla, lo único que quería, era dormir abrazado de mi mujer, que ya a esas alturas su rostro y su cuerpo se encontraban irreconocibles para mi, pero de igual forma yo solo aguardaba descansar en sus frígidas greñas. Pero no pude porque al abrazarla con dulzura, en mi mente se dibujo su cuerpo deslizándose por su amante, sudando de placer y gimiendo como una perra en celo, y mi cuerpo comenzó a tiritar de rabia, y caí sin darme cuenta al piso, llorando como un lobo le llora a la luna. Estuve en ese estado de depresión gran parte de la noche, pero solo hasta que decidí ir a dar una vuelta en mi amado caballo llamado Dälf, que junto a su amistosa compañía, se sumarian otras como las de unas dulces botellas de licor y tabaco. Ya en las afueras de mi casa, y montado en mi corcel, me introduje en desiertas tierras que paco a poco se convertían en suelos plasmados de bellos, y robustos hijos de la madre naturaleza.

La lluvia ya había cesado, así que mi viaje se convirtió en ruido de sombras en medio de la noche, pero solo hasta que logre encontrar el lugar exacto, que me confortaría en mi deprimente nostalgia, y el lugar que escogí fue a orillas del lago Appart, un lago de ancestral y inigualable belleza, rodeado de sentimentales árboles y gloriosas aves. Todo era tan bello que contrastaba con mi opaca pena. Me baje de mi corcel y lo deje en libertad, para que recorriera el lugar, porque sabía que volvería cuando yo lo necesitase, ya en la más completa soledad, me aproxime a encender tabaco, destapar botellas, y sumergirme en sus anestésicos jarabes. Hasta que perdí totalmente la conciencia y caí.



Mucho tiempo a pasado de ello, me sorprende que aun recuerde detalles de esos días, aun que se que con esos detalles la muerte come de mis manos, y bebe de mi doloroso manantial… porque son detalles que me dejan como un gusano demente y mal herido. Pero eso no me importa, porque es un precio que estoy dispuesto a pagar, con tal de conseguir que el desgraciado pasado deje de burlarse en mi cara. Y que me recuerde día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, que ensucie mi alma y mi mente con sus besos llenos de veneno que pudrieron mis entrañas, y las hicieron arder, al intentar comprender que fue lo que la motivo a despreciarme de tal manera. Pero por mas que lo intente no pude, con ella viví momentos únicos y sinceros, como olvidar por ejemplo cuando nos bañábamos todo nuestro cuerpo con nuestras lenguas, purificando así el camino a seguir, y como olvidar también las múltiples caricias que nos dábamos con la mirada, luego de charlar sobre los románticos capítulos de nuestro romance.

Inventamos un lenguaje extraño, pero a su vez tan seductor que derrochaba algo de magia en el aire. Cierro los ojos y aun creo sentir la luz de su agua labial en mi cuello, y su cabello beber en mi piel. Sabes desconocida será mejor que me valla a dormir… creo que será lo mejor… por que recordar me hace sentir mucho miedo.







Capitulo 4


Capitulo 4



Debajo de las sensuales viseras del vientre fétido











Debo confesar que mi decaimiento lo noto poco a poco, como se nota al sol cuando recién se asoma por las montañas. Pues la dignidad se me ha acabado, mis minutos ya están contados, mi cadáver tiembla de dolor, y los huesos se me retuercen por aquel olor. El aire solo esquiva mi despojo, dejándome en una asfixia muy gélida... son tan grandes mis ganas de llorar, que solo son comparables a un árbol en medio del bosque sin agua, y sin luz. Que sucumbe ante la pena y la angustia. Harta estoy de que mi mal formación ocular no distinga entre la sangre o el agua... mi olvidada e insensata existencia ya culmina su deterioro, solo me queda besar algún espejo en el cual nunca me haya reflejado... porque será un espejo virgen... un espejo virgen de mis infestos besos.



Ya han pasado varios días desde que aquel desperdicio humano sostuvo su violenta promesa de necrofilia sobre mi vaginal montura, y aun me encuentro dentro de esta envoltura rancia y podrida. Acaso aquello que escuchaba en vida sobre el castigo eterno cayendo sobre quien atente contra su propia existencia, ¿era en realidad la verdad? ¿Seré torturada por la eternidad? en vida siempre me negué a creer en un dios que te sometía al miedo, “fuese cual fuese su nombre” para mí era tan ridículo y degenerado creer en aquellas escrituras, incluso ahora después de todo lo que estoy viviendo me niego aceptar que alguna religión contenía sabiduría.

En fin, sea como sea, por lo menos aun me quedan mis recuerdos, que aunque no sean tan calidos, han logrado alejarme de mis actuales vivencias. Como aquella inolvidable temporada en Luciferian...



La batalla que Masha lideraba en contra de los soldados, era algo que yo no entendía completamente, y en realidad no me importaba entenderlo demasiado, pues en mi pulpa cerebral solo se encadenaba la pena, la rabia y el desquite... y esas fueron las emociones que me mantuvieron erguida en aquél túnel de tinieblas.

La barrera de la gloria a cada minuto se marchitaba más y más, pero algo en el ambiente hechizada nuestras armas, haciendo que nuestro deleite de sangre no respirara, solo se aprisionara en una insostenible adicción vampirica. Mi moral estaba por las nubes, jamás había sentido tal emoción, una emoción llena de alivio y tortura, que se pigmentaba de negro a medida que iba asesinando, en total fueron tres soldados los que alcance a matar, antes de que seis de las cientos de flechas en llamas que flotaban por los aires me penetraran la nuca, los brazos y las piernas y me dejaran sumisa en medio del campo de batalla comiendo arena ensangrentada.

Fue tal el dolor físico y sicológico que comencé a bramar por eternos minutos, pero nadie me auxiliaba o mutilaba. A nadie le importaba mi suplicio, “ni el mió, ni el de nadie”, todos luchaban por su propia vida. Y ahí fue cuando comprendí que me encontraba completamente sola, que si anhelaba no perecer, dependía solo de mí; ya no podía seguir lloriqueándole al mundo, ya nunca mas... ya no era una niña, pues en el preciso instante que abandone mi hogar, me transforme en una mujer que debía luchar contra todo y todos... y es esa ideología la que me lleno de valor y fuerza para levantar la espada de brillante hierro y subrayar mi victoria. Ya no hubo más miedo, ya la muerte no se atrevería a cruzarse en mi camino; ya mi oscura fortaleza solo me pedía sangre enemiga. Y con mi frente alzada empuñe la espada y corte las flechas que me encadenaban a la ruina. Comenzando así a afilar mi alfanje con la primera caja torácica enemiga que se me enfrentaba.



Mientras tanto en el firmamento se escuchaban rocosos chillidos de oscuro erotismo, que canturreaban un macabro himno de muerte, que reflejaba una potente y orgásmica rebelión de buitres esperando que el sudor de nuestros cuerpos se anidara en sus añejos paladares. Pero eso solo era un ingrediente menor, si lo comparaba con la totalidad del horripilante escenario que nos asilaba. Por mi parte el dolor de mi cuerpo sudado obligadamente luchaba contra si mismo y con todo lo que intentara lastimarlo... era una tarea titánica e ingrata, pero sabia que si me detenía, perdería mucho mas que mi vida, perdería mi auto respeto, y eso era algo en o no estaba dispuesta a transar, porque podían destruir mi piel, pero no mi orgullo de haberme transformado en una guerrera, en una valerosa y letal tiniebla de la noche.

Mí carne se desangraba lentamente por los constantes rayos de odio de los adversarios, pero mis muñecas no estaban dispuestas a dejarse amedrentar por el venenoso caos de quienes traían es sus manos, muerte y desprecio.

La tormenta de sangre comenzó a mimetizarse rápidamente con la salida de la tarde y la entrada de la noche; fueron esas traicioneras negruras las que nos llevaron por instantes a dejar de luchar por la victoria, y a solo mantenerla, pero algo en la voz gutural de Masha comprimió el atardecer y obligo a las podridas densidades de la noche a embarazar a la luna y a iluminar por un ultimo momento el ocaso de nuestra sangrienta cruzada... y que gracias a ello mas tarde seriamos los vencedores; pero no así los menos heridos. Masha fue la única que no sufrió daño alguno, pero el resto de nosotras teníamos todos nuestros cuerpos ensangrentados. Macha que era sin duda, la líder de todo el batallón, elevo su potente voz y nos ordenó que nos sentáramos y que oyéramos atentamente su discurso; pero en esos momentos a lo único que podía prestarle atención, era a la muerte de mi amiga Keltzivä, así que fui en busca de su cuerpo rápidamente, y despues de mucho buscarlo lo encontré... se encontraba ya sin vida y con toda su cabeza ensangrentada, lo único que hice en ese momento fue llorar y a abrazar su cadáver con todas las escasas fuerzas que me quedaban en ese instante; el furtivo, y frugal movimiento que el viento le hacia a su cabello, me hacia sentir estática e indefensa, tan estática e indefensa como podría sentirse una paloma después de haber perdido sus alas, en un demente intento por desafiar a los rocosos abismos del mar. El lamento era miel en los ojos y las lagrimas romance de cisnes. Cólera e ira, son las primeras palabras que se me vinieron a la mente, después de haber besado a la oscuridad y haber cobijado a sus sombras.

Ahí recuerdo haberlo cuestionado todo, cuestione por ejemplo: porque diablos despues de que tuve que enfrentar el desastroso fallecimiento de mi amado, vendría el brutal suicidio de mi madre, y luego el decapitante deceso de mi amiga, y le pregunte a los vientos ¿acaso todo ser que yo amara tendría aquel fatal destino? Y mientras la noche meneaba sus artísticos pinceles empapados de pigmentaciones oscuras que caían tímidamente sobre todo el paisaje. Rugí miles de maldiciones a quien fuera el causante de mi desgraciada existencia, y luego de desahogarme por completo me quede dormida en los gélidos compartimentos de Keltzivä. Que fueron los más acogedores almohadones que podían ampararme en ese momento.





Al día siguiente desperté con la claridad del amanecer, esa claridad que solo te puede entregar la madre naturaleza despues de haber sido bañada dulcemente por el firmamento... un bello escalofrío. Pero también desperté junto a una Keltzivä inerte e hinchada, rodeada de sangre coagulada en su vestido. Me aleje muy aterrada por lo que estaba observando y no tarde en dejar caer un centenar de lágrimas negras y de salir corriendo de su lado. Su rostro morado e hinchado fue para mi una macabra escultura y un eco de mil otoños heridos... corrí y corrí, sin poder alejarme mucho, pero si lo suficiente para admirar aterrada como varias manadas de voraces lobos salvajes, se repartían a los cadáveres de los caídos en la batalla del día anterior... pero más fue mi pavor cuando me vi rodeada de una jauría salvaje dispuesta a asesinarme sin piedad. Y por poco le logran, si no hubiese sido por el heroico rescate que me dio una guerrera muy audaz, que con su arco y sus flechas los espanto a todos, dejándome así libre de su prisión.



-- Debemos partir de aquí – me dijo al momento que sujetaba mi vestido

-- ¡Gracias pero no puedo! – Le dije mientras me intentaba zafar de ella y le trataba de explicar las razones por las cuales no quería abandonar aquel lugar.

-- ¡Esta bien! ¡Cómo quieras! – Me respondió molesta– pero ten cuidado con los lobos – me murmuró mientras se retiraba y colgaba su arco en su espalda.



Mas tarde, y luego que di vueltas sin sentido por la isla, me arme de valor y retorne hacia el cadáver de Keltzivä, que estaba aun más hinchado que antes. No pude evitar vomitar al verla, caí de rodillas sobándome él estomago y recaer en el mismo llanto sepulcral de antes.



-- Macha me contó lo sucedido – dijo una apacible voz a mi espalda, que me pareció muy familiar

-- ¿Tú eres Meiju... verdad? – le pregunte sin mirar hacia atrás

-- Si soy yo. – Me respondió – Ustedes nunca debieron salir de la cueva, debieron escuchar los consejos de Macha – continuó.

-- Palabras más ciertas jamas he escuchado – le dije mientras me limpiaba la lagrimas con mi pulgar izquierdo.

-- Jannike me siento en la obligación de explicarte algunas sofocantes cosas que al parecer no te quedaron muy claras – me decía mientras cubría el cadáver de Keltzivä con una frazada de color azul y me entregaba una botella de licor destapada.

-- ¿Puedo beber un sorbo de tu licor Meiju? – le pregunté interrumpiendo su discurso.

-- Claro, siempre y cuando no desperdicies ninguna gota, pues es un muy buen licor que traían los soldados en su barco.

-- Por supuesto… no hay problema.

-- Jannike se como te sientes, yo también he perdido a muchos de mis seres más queridos, incluso déjame decirte que soy la única de mi familia que queda con vida, así que no esperes que té de mis condolencias, porque sé que en estos momentos las palabras de una desconocida solo sobran... esto es tu luto personal.

-- Meiju... ¿te puedo pedir un favor?

-- Si, seguro... ¿de qué se trata?

-- Me puedes ayudar sepultar a mi amiga.

-- ¡Sepultar! – Me gritó exasperada – no puedes enterrar a un ser querido en estas tierras llenas de odios y venganza – continuó.

-- Pero no puedo dejar que se convierta en manjar para los lobos.

-- Por esa misma razón, debes despedirla con un funeral lleno de honor... un funeral...

-- ¡Un funeral vikingo! – dijo una tercera voz por encima de nuestras espaldas, y se trataba de la grave voz de Macha, seguida por la de Kaisa.

Luego de aquel funesto reencuentro, Masha ordenó a otras encapuchadas que bajaran del barco requisado algún bote y que lo trajeran lo antes posible. Al cabo de unas horas había una gran multitud reunida alrededor de mí, cosa que me molestó enormemente, porque la muerte de mi amiga no era un maldito circo, sino algo doloroso, pero lejos de lo que yo pensaba, fue una ceremonia improvisada pero llena de respeto, que culmino al momento Masha ordenó que empujaran el bote hacia las aguas. Luego Kaisa empuño un arco y lanzo una flecha en vuelta en llamas dirigida al naufragante cadáver.

Realmente no sabía como describir la sensación que sentía, pero me aferre rápidamente a los hermosos momentos que tuve junto a ella, y que ahora solo son un perenne lamento de realidad. Su mirada era tan desenvainada y bella, que aun rebotaba en mi inexorable juicio, así como el menester momentáneo de una mecha que esta a punto de ablandarse. (Que doloroso fue discernir que nuestra sangre no se puede aclimatar al crepúsculo, y a nada fuera de nuestro interior).

Aquella reflexión me hizo ver sombras inmateriales que danzaban a mí alrededor, y supe que al final igual me quedaría sola... entonces desee suicidarme con todas mis fuerzas pues no creí ser capaz de seguir viviendo con esa infame soga al cuello. Pero si lo fui... fui capaz de resistir aquella errónea idea de suicidarme... por lo menos un par de meses más.

Pero ojala hubiese resistido mas... mucho más. Para que ahora no me encontrase en este asqueroso colapso de tiempo circunstancial, que solo me lleva a sentir la máxima expresión nerviosa de la locura humana. No debí suicidarme... no debí seguir el mismo camino de mi madre... ¡el mismo camino de mí madre! ¡Suicidio! ¡¿Entonces ella también podría estar encerrada en su cuerpo?! Oh madre desearía... desearía...



-- Desearías tanto estar junto a ella... ¿cierto?

--¡¿Qui – e - en?! !¿Quién dijo e - e - so?¡ !¿Que fue esa voz masculina?...debe ser mi imaginación... ¡si! eso es, pero sonó tan real... debo estar volviéndome algo...

-- ¿Loca?... no, no lo estas, y no soy producto de tu imaginación.

-- Es mucho más grave de lo que pienso, estoy realmente loca o mi orfandad ha sido capaz de crear un amigo imaginario.

-- Te repito... no soy producto de tu imaginación... soy un ánima encerrada en su antigua fortaleza al igual que tu.

-- Esto no puede estar pasando...

-- ¿Que no puede estar pasando? Que estés hablando con un espíritu... Ja - Ja - Ja ¿Acaso a estas alturas todavía hay cosas que te sorprenden?

-- Desearía creer que no es mi imaginación... pero sé que lo es, así que haré oídos sordos a este predicamento.

-- Uff... si que eres difícil de convencer, pero en fin, no te insistiré mas, solo te pediré que cuando el desgraciado de Koskenniemi, o como tú muy bien le dices “el necrofilo”, vuelva a entrar en esta putrefacta habitación mires para arriba con atención y me veras... o mejor dicho veras mi cadáver clavado de pies y manos en el cielo de este cuarto Ja- Ja- Ja. Pero hasta que eso no suceda, supongo que seguirás empeñada en pensar que soy producto de tu imaginación ¿o no?... mmmm... veo que me estas ignorando; bueno de todas formas ni creas que me callare... Ja - Ja pues desde que fallecí, que no me eh comunicado con nadie… y ni creas que perderé esta oportunidad -- Ja – Ja -- mi nombre es Venghard Körpii y nací en...



-- ¡Bastaaaaaaaaa! ¡Silenciooooooo! ¡tú no existes! ¡Solo eres una maldita voz que fabrico mi soledad!

-- Esta bien, me callaré... no es necesario que te alteres.





Esto no es normal, no, no lo es... estoy perdiendo la cordura ¿Qué puedo hacer? ¿Que puedo hacer? ¿Que puedo hacer para o seguir escuchando esta espectral voz? ¡Estoy loca! ¡Estoy loca!... debo tranquilizarme ¡si eso es! Debo enviar mi mente a otro lugar ¿pero a que momento de mi vida? ¡No puedo concentrarme en ninguno!... ¿debo volver a refugiarme en Luciferian? ¡Sí! ¡Sí! ¡De nuevo a Luciferian!

Recuerdo que luego del funeral de Keltzivä, Masha, Kaisa y Meiju, me llevaron a una cueva donde almacenaron el botín que le confiscaron a los soldados caídos y a su embarcación, que en su mayoría eran armas, agua, alimento, ropa y licor, pero lo mas importante para mi, fueron los pequeños bultos que contenían medicinas y vendajes.



-- Les estamos aplicando estas medicinas a todas las habitantes de esta isla, pero en especial a todas las guerreras que lucharon sádicamente por la ruina de los soldados. ¡Pero creo que nos estabamos olvidando por completo de la guerrera más importante! – dijo Masha mientras observaba directamente a los ojos de Meiju.

-- En eso tienes razón Masha – respondió Meiju, al momento que Kaisa abría un bulto de medicina y me pedía que descubriera todas mis heridas.

-- Fuiste de gran ayuda Jannike – me decía Masha.

-- ¿Tu crees? – le respondí

-- Si, y no solamente yo le creo, si todas las que luchamos en la batalla... porque cada espada que luchaba a nuestro favor ayudo a que fuéramos nosotras las vencedoras.



¿Que es ese ruido? Debe ser el necrofilo el que interrumpe mis memorias con su energía negativa, está abriendo la puerta de esta habitación y junto con él, una devil luz artificial ¿deseara poseerme otra vez?...



-- Hola desconocida... ¿cómo estas? Soy yo, tu fiel amante Ja – Ja – Ja, venia a beber junto a ti una botella de vino, ¿té molesta?... bueno me imagino por tu silencio, que no -- Ja – Ja... bueno desconocida, sabes creo que he sido muy mal educado contigo, debes pensar que soy un ebrio sin educación, pero aunque tu no lo creas, soy un ebrio zarrapastroso bastante bien preparado, pues para que sepas soy un hombre muy importante en este pueblo y mi nombre es Markus Koskenniemi. Soy quien también se encarga de los destacados funerales de las personas de clase alta de esta isla, bueno, por desgracia también de los de clase media y de las de baja, e inclusive de aquellos que no le importan a nadie. Bueno, no me quejo tanto, sabes, porque puedo dar riendas sueltas a mis travesuras más oscuras. Es por ello que puedo exhumar a las mujeres y niñas más bellas de esta isla, y traerlas hasta aquí, para no solamente extraerles sus entrañas y lucrar con ellas, sino, asimismo como tu ya lo sabes muy bien, -- Ja –Ja – Ja -- sentir mis mas profundas sensaciones sobre sus eróticas pieles putrefactas. ¿No te perece tierno? es tan aromático el hedor de un cadáver descompuesto, es un perfume tan extravagante, tan lleno de esencias desconocidas y poco apreciadas. Lleno de fragancias que aúllan sobre su membrana nebular, y sobre su folclórico cosmos intransigente.



-- Muchacha... muchacha... ¿puedes oírme?... muchacha si aun dudas de mi existencia. Por favor ablanda la luz de habitación, llévala a tu frente y divísame...

-- ¡Cállate! Tu no existes... solo eres un ronco timbre que invento mi consciencia tubular.

-- Esta bien me rindo, no hay forma de convencerte, pero te propongo un trato: que mires hacia arriba y si no me logras ver, te dejare de molestar y no tendrás que escucharme nunca mas.

-- ¡Esta bien!, ¡Esta bien lo haré! (debo estar muy demente al estar asiéndole caso a esta fantasmal voz)

-- ¡Gracias! No, te arrepentirás... solo concentra tu vista en un punto fijo.

-- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

-- Silencio, Silencio muchacha No grites demasiado fuerte, porque tu voz podría atravesar el umbral que nos separa de la muerte, y provocar una ruptura al séptimo equilibrio.

-- ¡Estas hay! ¡Eres real! estas colgado de pies y manos en el cielo del cuarto. Eres un cadáver putrefacto y sombrío.

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

-- No grites, no grites... muchacha te lo suplico.

--¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!! Esto es espantoso, esto es horroroso... ¡¡¡esto no es posible!!!

-- Si, si lo es, el que estas observando es mi cadáver enganchado sobre ti.

-- No puedo digerir algo tan demoniaco, y menos aceptarlo.

-- Pues acéptalo, la realidad supera la ficción...

-- No, sé que decir, solo pedirte que me perdones por haber dudado de tu existencia, y por favor revélame tu nombre, y porque dijiste ¿qué este sujeto me puede escuchar?

-- No, te preocupes por eso muchacha, era normal que no me creyeras. Mi nombre es Venghard Körpii. Y soy, o fui un hombre de color, y sobre tu última pregunta, solo puedo decirte que hay muchas cosas sobre lo inmaterial que tú no sabes.

-- ¿Y tu podrías educarme al respecto?

-- Solo si abres tu mente a lo ilógico y estas dispuesta a no cuestionar nada sobre lo que yo te diga, y a conservar el máximo silencio y respeto.

-- Esta bien... tratare.

-- Mi nombre es Venghard Körpii y nací en una pequeña región al sur de Odottaen Kuolemaa, llamada Akëërfelt. Aquella región era maravillosa, rodeada de dulces ofrendas naturistas, cercadas de sabias montañas, llenas de cedros radiantes y pudientes, que parecían reír cuando algún animal les escogía como morada. Todo era muy bello... o casi todo en realidad, pues aunque las nubes invernales bañaran a toda la región por igual, algunos se mojaban más que otros. Y yo era de los que más se mojaban, pues crecí siendo un esclavo, un pobre y analfabeto esclavo, con aires emprendedores, que deseaba algún día solo aprender a leer... pero eso estaba prohibido para alguien de color. Porque las ratas de piel pálida, desde tiempos ancestrales obligaron a hacerle pensar a mi raza que ellos eran superiores a nosotros, por el solo hecho de que sus ojos eran de colores, sus cabellos dorados y sus carnes más claras, (Pues para mí no eran más que unos infelices cerdos desteñidos, con las mismas fortalezas y debilidades que nosotros). Pero mis ideales de igualdad tuve que reprimirlos, como un estúpido jardinero reprime el curso natural de un bonsái.

Akëërfelt estaba gobernado por un tirano llamado Jukkas Tyrr, quien día a día reinaba con sus venenosos amasijos de tejidos cerebrales; su mirada estaba podrida y sucia, al igual que su figura mórbida y poco atractiva, incluso me atrevería a decir, que ninguna hembra normal siquiera intentaría desearle. Sus macabras leyes eran narcisistas, pero por sobre todo racistas... nos odiaba; aborrecía nuestro color de piel, nuestro cabello y nuestro acento. Y cuando alguno de nosotros ya no le era útil a su insensible y cristiana elite, nos eliminaba sin remordimiento alguno, bajo la atenta mirada de una oxidada y afilada guadaña.



-- Señor Venghard... yo al igual que usted, desprecio a los racistas y a los cristianos, yo a pesar de que mi piel no es de color oscuro, crecí bajo la destructiva mirada de infames e hipócritas iglesias. Y Jamas me deje influenciar por sus inmundos mandamientos.

-- Me alegra mucho escuchar eso pequeña, nunca pensé en encontrar a otra persona de piel clara, que no fuera ni racista, ni cristiano, y es una alegría estar charlando con alguien tan inteligente.

-- Je – Je -- gracias señor Venghard, y dígame... ¿quien fue aquella sabia primera persona?

-- Ja – Ja -- uff... tu pregunta me remonta a mis años de juventud, donde conocí a Tarja Koskenniemi una talentosa concertista, pero también una perturbada criatura.

Por aquellos años un grupo de amigos y yo nos reuníamos en el corazón de algún improvisado bosque, lejos de la mirada represiva del hombre cristiano. Nos juntábamos a charlar y a interpretar bella música, con unas artesanales guitarras. Al principio éramos bastante cómicos, pero con el tiempo dejamos de serlo, hasta inclusive logramos que nuestros instrumentos sonaran pulidamente. Ja – Ja... y al pasar los meses y despues de muchos ensayos llegamos a ser muy virtuosos, e inclusive déjame decirte que conseguimos elevar la música convencional a otro concepto, a un concepto que denominamos Blues.

Pero hubo un día, en que nuestras armoniosas tertulias se vieron empañadas por la sensación de estar siendo observados por alguien. Entonces el miedo se apodero de nosotros y huimos despavoridos, abandonando aquel sitio, y nuestros amados instrumentos. Luego de aquel siniestro día nunca mas nos volvimos juntar, ni a vernos... eso fue muy triste e injusto; el vacío que sentía en el espíritu al no poder trenzar mis sentimientos sobre el balsámico y femenino cuerpo de una guitarra, era algo muy desolador. Y donde creí no existir, donde mis lagrimas eran el veneno que necesitaba beber, para tratar de olvidar por espacios vacíos de tiempo, mi amor hacia él beatífico Blues... pero eso nunca sucedió entonces creí que esa aflicción no fenecería, así que decidí que antes de que mis hojas oculares se marchitaran bajo el susurro forestal de las noches de soledad y depresión, volvería al lugar donde abandoné mi guitarra.

Y es así como en una madrugada cualquiera, vertí todos mis impulsos en esa obsesiva cruzada, y cuando llegué al lugar donde habíamos dejado los instrumentos, me di cuenta que estaban exactamente donde los recordaba, eso me dio un mal presentimiento, pues en Akëërfelt había una estricta ley en contra de nosotros. Si alguien veía a un hombre de color merodeando a altas horas de la noche, tenía todo el derecho y el deber de darle muerte. Pero eso no me importo al momento de tener enfrente mi arma musical, pues prefería morir, antes de no poder volver a ver y sentir la guitarra que me había fabricado mi padre, con tanto amor antes de fallecer. Pero a instantes de recuperarla sentí a mi espalda un escalofrío, junto con el salvaje filo de una espada. En esos segundos creí que todo estaba perdido, que el cordón de mi vida seria cortado de raíz, y que toda mi aventura no había servido para nada.



-- ¿Supongo que sabes que yo tengo él deber de eliminarte... cierto? – Me dijo una voz raspada pero dulce a la vez – ¡dame una razón por lo cual no tenga que hacerlo! Continuo. Pero no me atreví a responderle nada. – Veo que no respondes, entonces te haré una pregunta y si no me satisface tu respuesta te matare sin piedad... ¿aquellos escuálidos instrumentos son de tu propiedad?

-- Sí... – le respondí nerviosamente.

-- ¿Cuál es tu nombre? me preguntó guturalmente.

-- M... m... mi nombre es... es Ven... ghard Körpii... le respondí tartamudeando.

-- ¿Tú eras uno de los esclavos que huyeron el otro día de este lugar al escuchar mis pasos?

-- Sí...

-- Entonces toma tu instrumento y toca algo para mí – en esos momentos no comprendí en la situación que me encontraba, pero creí que se me estaba dando una especie de último deseo, así que tome mi guitarra y la abrace con ternura y comencé a limpiar y acariciar sus cuerdas con pasión.

-- Mi nombre es Tarja Koskenniemi y soy músico al igual que tu -- me decía mientras se acercaba a mí y yo podía ver que se trataba de una hermosa mujer. – No te preocupes no te matare, pero con una condición.

-- ¿Cual? -- le pregunté.

-- Debes enseñarme tu forma de componer piezas musicales... ¿aceptas?

-- Es un honor el que me hace señorita, que usted reconozca mi arte... pero usted sabe que solo soy un esclavo, y no soy dueño de decidir nada por mi cuenta.

-- Tienes razón... pero responde mi pregunta y luego dime ¿para quien trabajas?

-- ¡No me denuncie! ¡No me denuncie, por favor!... mi respuesta seria si, si dependiera de mí... pero trabajo para el emperador Jukkas Tyrr – le respondí suplicante mientras bajaba mi mirada.

-- No te preocupes no te denunciaré a las autoridades, ni menos a tu dueño, pero por favor, continua deleitándome con tu música – me dijo delicadamente, y mientras yo tocaba, ella se esfumaba entre las sombras, mientras su fiel perfume continuaba escuchándome.

Al día siguiente, antes de levantarme y comenzar a trabajar, me encontraba muy perturbado por la presencia de aquella mujer en mis memorias, su dulce rostro sonriéndome era lo único que podía recordar. Pero también me perturbaba la idea de que traicionara su promesa y me denunciara, y me condenaran a las sangrientas manos de la dama de hierro... pero eso por fortuna nunca sucedió. Pero en cambio al quinto día despues, mientras me encontraba sufridamente laborando, el capataz “de piel clara” que se encontraba a cargo de nuestro grupo, el señor Jaakko Mäntysaari me golpeo fuertemente la espalda con un garrote de madera podrida, y me comunico que el emperador deseaba verme, surgió un silencio sepulcral de parte de mis compañeros de trabajo, pues todos sabíamos muy bien que significaba que el emperador nos citara y eso significaba la muerte; y bajo las burlas del capataz, lentamente fui conducido al despacho y a la presencia de su majestad Jukkas Tyrr. Ya sujeto a la cruel y humillante mirada del emperador, comencé a orinarme de pavor sin control, empapando todo mi metro cuadrado con mi mal oliente rocío. Y antes de yo pudiera darme cuenta el capataz que se encontraba a mi espalda comenzó a azotarme y a insultarme furiosamente.



– ¡Basta! ¡Basta! ¡Deje de golpearlo! – Se escucho despavoridamente en la habitación... y mientras me sobaba mi palma derecha, enfrente de mí apareció lo que jamas me espere... era la señorita Koskenniemi, muy acongojada por lo que estaba sucediendo.

-- ¿Estas bien? -- Me preguntó la señorita.

-- Si, pero mi mano derecha esta dislocada – le respondí confundido.

-- ¡Maldito imbécil, lastimaste a mi esclavo! – vocifero la señorita hacia el capataz, y él con su cara mas confundida que la mía retrocedió despavorido.

-- Esto creo que reduce el precio del esclavo a la mitad de lo acordado... emperador – pronunció una voz ronca desde la esquina superior de la sala. Pero no pude avistar de quien se trataba pues en ese momento la señorita Tarja insistió que la acompañara afuera de la sala, pero luego por labios de la señorita me enteraría que aquel hombre se trataba de su padre el señor Markus Koskenniemi que tramitaba mi compra. (Esa noticia me alegro en cierta manera, pero también me lleno de incertidumbre). Horas despues me supe que mi compra se había concretado, y fui directamente conducido hacia la carroza de la señorita. Luego hay fui informado que mi compra la habían concretado a la mitad del precio original... (Pero esa información fue totalmente superflua para mí).



-- ¡Que Markus Koskenniemi! ¡Se refiere que el padre de su amada, es quien me tiene aquí, sometida a su locura! – interrumpí abruptamente.

-- Si, lamentablemente es él...

-- ¿Pero como es posible?

-- Pequeña entiendo tu sorpresa pero te pido que me dejes continuar y te aseguro que comprenderás todo.

-- Está bien señor Körpii, continúe por favor.

-- A las semanas despues de aquel día, mi mano se recuperó satisfactoriamente, y la señorita Koskenniemi al ver aquello, de inmediato quiso comenzar a practicar guitarra conmigo... su entusiasmo era jovial y decidido, en poco tiempo logro aprender las reglas básicas del Blues y comenzamos a mezclarlas con sus influencias musicales, y dimos vida a un movimiento folclórico y majestuoso. Le llamamos “Rock”, con el cual comenzamos a crear sinfonías maravillosas y pegadizas. Al pasar el tiempo nos dimos cuenta que la pasábamos muy bien juntos y no solamente en el plano musical, pues al momento que nuestras miradas se cruzaban cada mañana, se podía oler un sutil perfume afrodisíaco y sublime, tanto que las palabras sobraban... (pero ese sentimiento fue nuestra ruina). Recuerdo que fue en una madrugada cualquiera de Abril, cuando nuestros labios se juntaron y decidieron que durante esa noche no se separarían ni por un minuto, fue mágico y espiritual, fue la primera vez que yo me separaba de mi cuerpo y rociaba a otra alma con mis paños de amor, fue algo mágico y sensual... (pero creo que esa parte mejor la omitiere de esta historia).

Luego al pasar el tiempo Tarja me comenta que estaba en cinta y no sabia que hacer, como te debes estar imaginando ese fue un balde de agua fría para nosotros, por que si alguien se enteraba que una mujer blanca estaba embarazada de un hombre negro, sufriríamos las penas del infierno; durante unos meses logramos ocultarlo, pero en un descuido de Tarja, su padre se enteró de su gestación y la obligó a encerrarse en su habitación hasta que le revelara quien había osado embarazarla.

Pero al ver que ella se negaba a revelar tal identidad. Llamo a sus sirvientes más leales y les ordeno que comenzaran a torturarla con baños de agua hirviendo por todas sus partes íntimas.



El endemoniado de Markus Koskenniemi mando a ubicarme, para así interrogarme, y que yo revelara la identidad del enamorado de su hija, y cuando me ubicaron, me obligaron a entrar a la habitación donde estaban maltratando física y psicológicamente a mi amada, en ese momento no pude soportar las ganas de socorrerla y salvarla de tan cruel castigo, pero esa reacción detono que a mi también comenzaran a torturarme de la misma forma que a Tarja (a quemarme mis genitales). Pero solo hasta que no soporte mas el dolor de ver a mi amor siendo golpeada en su vientre, que desesperadamente revele la identidad de su amante, y le grite en su cara, al desgraciado de Koskenniemi que yo amaba a su hija, y que el niño que ella estaba esperando era mío.

Esa confección se impregno violentamente en la habitación y en los oídos de quienes se encontraban al interior de ella; despues de eso todo fue tormento y locura. Tratar de describirte lo que viví en esos momentos me seria imposible, puesto que ninguna frase seria suficiente para representar aquello. Lo único que puedo decirte es, que mi dolor físico no se comparaba al espiritual... ¡¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh!!.......... pequeña niña Jannike... mi mente está cercenada de alguna u otra manera, tal vez no se perciben sus letales cortes a simple vista, pero yo aun los siento tan irritantes, como un murciélago sentiría a la desgraciada luz del día en un estúpido paseo matutino. En el fondo yo quiero abortar este maldito viaje, bautizado como vida... o muerte. No le encuentro ningún puto sentido a la existencia; mí mirada solo dormita noche tras noche haciéndome ver la mierda que soy. Realmente me da vergüenza ser como soy... ¿y a quien no?... son tantas mis heridas internas, que yo mismo vomitaría sobre mi tumba. (Si la tuviese por su puesto ja-ja) ¿Supongo que no es natural decir estas cosas, ni siquiera pensarlas? ¿No?... pero navego por las tinieblas, como queriendo alcanzar sus tonos grisáceos; mas este viaje es largo y tortuoso, y ni siquiera hay una mecha encendida que aclare el recorrido. Oh pequeña niña Jannike... aaaahhh... lo que te voy a contar es algo que yo mismo a veces me ciego a recordar, y es el desenlace de mi amada Tarja y mi hijo (que por unas horas alcanzo a vivir). Ellos fueron víctimas de la mente mas enferma y retorcida que yo jamas vi en vida. ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhh!... De solo recordarlo no comprendo tanta violencia.



Porque aun creo escuchar el sonido de los huesos de mí bebe, retorciéndose en el paladar ciego de Koskenniemi; aun creo escuchar como la totalidad de su frágil esqueleto se desvestía de su incipiente carne, también creo escuchar como su delgada sangre salpicaba encima de su dolor. Cuando el muy caníbal puso su pequeño cuerpo vivo en un plato, y le derramaba condimentos, mientras que mi hijo no paraba de llorar. El pánico dentro de mi no se detenía, pero mi maldito ser estaba atado de pies y manos, mientras que mi boca estaba imposibilitada para defenderlo debido a la torturante corona de espinas que me habían colocado.

Primero fue su mano izquierda en ser cortada con furia, y luego vino su pierna derecha, los bramidos de mí bebe eran chillidos espeluznantes, pero el demonio de Koskenniemi, ni por un segundo tomaba conciencia de sus actos y ni menos detenía su tortura; mas bien parecía disfrutar comiéndose a mi hijo Enfrente de mí. Como castigo por haber enamorado a su hija. Porque mientras masticaba la piel de mi crío, no quitaba su sucia mirada de la mía. Y yo mientras observaba aquella función sin poder hacer ni decir nada, sentía que mi sombra se aposentaba en las más horrorosas riveras llenas de aguas purulentas, y el escalofrío que se encarnaba en mis huesos estúpidamente me llevaba a sonreír. Pero mientras que mis labios tocaban aquella tonta reacción, los labios de Koskenniemi estaban convertidos en una cascada de sangre chorreando fluidos ajenos, completamente hipnotizado descuartizando a mí bebe que no entendía él porque de tan brutal recibimiento a este mundo. Y que solo se limitaba a gruñir cada vez mas mórbidamente, hasta que su llanto se dejo de escuchar, desapareciendo al igual que su cuerpo, quedando solamente una esquelética huella de sangre negra. Eso en cierta forma me tranquilizo, porque ya por fin su agonía había terminado. Pero yo no contaba con tanta suerte porque mi tortura estaba en su clímax. Ja –ja ver a mí bebe ser devorado como un maldito conejo, es algo alegre comparado a la forma que vi morir a mi amada Tarja. Pero la forma en que vi fallecer a mi mujer es algo que jamas te diré. Porque tu mente aun es humana y la mente humana es muy espesa, tan espesa como el fuego que quema un bosque en ruinas, un bosque saturado de vivir con sus caparazones en pie y sus almas heridas.

Y tratar de desenredar los naufragios del terror en el frenesí oculto del telar cerebral, es algo muy venenoso. Pues cada elemento que conlleva el fabricar lo temible, nos lleva a platicar con nuestros miedos internos, y una vez que estamos ahí, sus ruinas de espanto tubular no nos sonríen, ni nos suplican que nos vallamos, solo estan hay enfrente, estáticas observándonos despectivamente como un cuervo queriendo humillar al amanecer por no tener alas.





Capitulo 3



Capitulo 3





Lo pavoroso es lo que me salpica en los principios de la noche





¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!



¿Dónde estoy? ¿Que fue lo que me sucedió?... Lo último que recuerdo es un maldito anciano barbudo sacándome de mi tumba... ¿habrá sido una pesadilla? S... S... Si, de seguro eso fue... así como tantas que ya he tenido después de mi suicidio; aun así, desearía que no haya sido tan solo una pesadilla, y en realidad hubiese pasado, porque la piel me debe ser arrancada de mis arterias y venas, pues a estas alturas han creído que son parte de ellas, por el solo hecho de que antes compartían la misma corriente sanguínea... y es exactamente el hedor putrefacto de mis carnes, lo que necesito para vomitarme, así podré tejer las primeras cuerdas de mi horca, con mis cueros podridamente bañados con la infecciosa orina de oscuros gusanos...



Escucho pasos a lo lejos, pasos ansiosos e insidiosos, ¿serán almas desfilando por mi aposento?, ¿O será la respuesta de aquella detestable pesadilla del demonio barbudo?

Ahora escucho puertas quejumbrosas abriéndose... ¡ahhhhhh! ¡Siento miles de puñales aterrizar en mi! Son centenares de rayos iluminando mi maldito estar. (La sensación es la misma que en la pesadilla)



-- ¿Cómo estas? – Escucho una voz raspada y sucia, con la cual solo puedo intimidarme más y más -- ¿Cómo estas? – la vuelvo a escuchar, pero ahora con algo más... -- ¿Porque no contestas? ¿Acaso te comieron la lengua los ratones? Ja - Ja - Ja – Ja...



El feo rostro de su risa retumba como un eco... y es la misma voz del tarado barbudo de la pesadilla; entonces no fue un sueño... ¡realmente me han sacado de mi tumba! Ahora no sé si reír o llorar.



-- Mujer desconocida decía tu lapida junto con tu fecha de defunción; pues entonces creo que así te llamare. Eres bastante hermosa desconocida para haber estado enterrada nueve meses... – dice mientras toca mi pierna derecha con una botella de licor destapada.



Entonces... ¿solamente fueron nueve meses bajo tierra? ¡Pues para mí fueron siglos! Quiero gritar o hablarle a esta criatura, pero tengo miedo, porque aun no sé si es un demonio que vino a buscar mi puta alma, o un borracho que me desenterró producto de su deplorable estado.



-- ¿Acaso es malvado que una pipa desnude las sumisas terminaciones de un puñado de tabaco ofrecido a ella? El placer sexual se puede interpretar de muchas formas y esta es la mía, desabrigando tumbas, y hoy, serás tú mi víctima... -- ¡q... que! ¡Este no es un infernal demonio, si no un maldito necrófilo!, y hoy seré su víctima... ¡No, no, no!.. ¡La voz no me sale, mis gritos no existen para él... el solo piensa que soy un cuerpo vació! ¡Noooooooooooooooooo!

-- Tienes excitantes piernas para estar muerta, ja - ja – ja, no solo eso, ja - ja – ja, tus pechos se ven exquisitos y tu hedor a muerte me calienta demasiado... creo que iré a beber algo mas de licor y cuando vuelva violaré tu vulva agusanada -- ja – ja – ja.



¿Se habrá ido?... al menos el olor a alcohol sí. Creo que se fue; pero a su regreso seré ultrajada, al igual que mi amiga por el perro de Ian Catam... Estoy aterrada, seré violentada de la peor forma existente, y no podré hacer nada, porque solo soy un montón de carne descompuesta, sintiendo siente lombrices podridas bailar por sus brazos descarnados. Es mi propia pudrición la quema mis orificios nasales. Lo único que me queda por hacer es crear un vortex mental que me lleve a un ambiente más tranquilo... será difícil, dada la situación actual; pero lo intentaré.

Todo da vueltas, siento una especie de sendero que me resguarda en una esfera de cristal, y me invita a navegar por recuerdos más tibios; escucho algo... una voz pagana y solitaria que me es muy familiar. Si, si, me es familiar, y podría asegurar que me dirijo a la cálida voz de Masha.



Y el silencio fue obligado a levantarse de su trono por un leve murmullo, que más bien parecía un embrujo por la inconexa formulación del sonido.



– ¡Luciferian! – retumbaba en la cueva mientras mis oídos se parapetaron detrás de la interrogación.

– ¡Luciferian! ¡Es donde ustedes están! – Dijo fuertemente la mujer detrás de la fogata -- ¡Y no se esfuercen por retener este nombre en sus mentes, porque de ahora en adelante jamás se les olvidara! --pronunció entre dientes.

-- ¿Y porque no se nos olvidara? – dije amenazante -- pero en vez de intimidarlas solo les provoqué diabólicas e insanas carcajadas.

-- ¡Porque una vez que llegas aquí, jamás vuelves a salir! – me respondió la mujer detrás de la fogata con una voz quebradiza y lúgubre.

-- Mi nombre es Masha Isokirpä, y soy la primera maldita en sobrevivir a esta podrida isla. Y junto a ustedes están Kaisa y Meiju, ellas fueron las primeras a quienes salvé de una muerte segura. Esta isla esta construida de dolor y amargura. Aquí comemos lobos, hojas y carne humana; bebemos el agua de la lluvia, pero cuando no llueve, sacamos de nuestras bodegas nuestra cerveza artesanal o más bien orina fermentada y logramos sobrevivir, pero cuando esa reserva se acaba tenemos que beber nuestra propia menstruación que es incluso más sana que el agua y los hielos que nos rodean.

-- ¿Entonces eso quiere decir que son caníbales y nos harán su cena? – preguntó Keltzivä tan o más asustada que yo.

-- Si, se podría decir que somos caníbales o algo por el estilo, pero tranquilas no les haremos daño, pero si me siguen interrumpiendo, tal vez si las mataremos -- respondió amistosamente la pregunta de Keltzivä; y tanto su mirada, como su tono de voz nos tranquilizo un poco a ambas. – Bueno, como les iba diciendo, esta isla a la cual bautice como Luciferian, es donde sobrevivimos, o por lo menos tratamos de hacerlo. Claro que no se nos ha hecho fácil.

– ¿Me convidarías mas carne? – dije tímidamente por temor a su reacción -- pero ella solo rió y dijo:

-- ja - ja - pero que mal educadas hemos sido con ustedes, por favor tomen asiento y coman más carne de lobo ja - ja... o eso creo... ja - ja. – la conversación fluyó de una manera que ninguna de nosotras esperábamos, incluso de vez en cuando se asomaron efímeras sonrisas. Pero cuando empezaron a contarnos el cómo, y él porqué de sus estadías en Luciferian, la cueva no dudó en crujir y recogerse, como señal de lamento.

-- Fue en el poblado de Viveke, al oeste de Odottaen Kuolemaa, en el año 1699 – dijo fuertemente Masha mientras observaba la endeble fogata y manoseaba las brazas con sus ojos – el 7 de noviembre – prosiguió – cuando ya solo faltaban pocos días para el festival de la cerveza, toda la gente del pueblo se preparaba para aquel gran espectáculo, en especial mi grupo musical. Nos llamábamos: Väänänen Folk, y éramos muy populares hasta ese momento. La gente disfrutaba de nuestras sonatas folclóricas y bebía cerveza al compás de nuestra divertida música. Pero ese año habíamos decidido cambiar nuestro sonido mezclando instrumentos de tierras lejanas a nuestro folklore. Era Jäcek Riihinen el encargado de nuestras líricas y del violín, y en ese momento había creado una magnificente y sublime opera llamada: “agonía o maldito poema”. Terö Nissilä tocaba el violonchelo, el clavicémbalo y la gaita, junto a Sitko Kusiin que tocaba la zanfonía, el arpa y el Laúd, y yo con mi flauta, mi Kantele y mi voz, orquestamos tal opera junto con la ayuda de nuestros amigos de la sinfónica Helsinki.

Estaba todo listo para que llegara tal día; hasta que este llegó de pronto sin darnos cuenta, como llega el vapor de una taza caliente al rostro de un desvalido mendigo entumecido.

A nosotros, nos tocaba abrir la velada, que se daría cita en el teatro Jere, para luego darle paso a la fiesta al aire libre, que duraría toda la noche; pero dada las dudosas condiciones climáticas, esta última solo se podría celebrar bajo techo.



El teatro aun no estaba repleto, pero la gran mayoría del pueblo que estaba ahí, solo pedía vernos y escucharnos, y sin más preámbulos el señor Veiko Letiinen se subió al escenario y comenzó a presentarnos, entonces tuvimos que improvisar, subiendo primero a nuestros amigos de la sinfónica. Y es así como los once artistas que nos ayudarían a tocar nuestra ópera, en minutos, ya estaban listos. La gente los aplaudió amistosamente, pero cuando subimos nosotros, el teatro pareció venirse abajo. Ja - Ja - Ja, ¡eso si que nos subió el ego hasta las nubes! después de saludarlos a todos y desearles una feliz embriaguez, los acordes detrás de mí, ardieron apasionadamente, como arde un rayo de sol en la mitad del invierno... y todas las miradas que caían sobre mí ser, producían que mis huesos palpitaran con vehemencia. Era tal la excitación que en momentos imaginaba que eran mis propios brazos los que se deslizaban por las cuerdas del violonchelo, en lugar de los imponentes arcos. El cuerpo se me hundía en el espumoso génesis, de asombradas miradas que seducidas por los instrumentos empujaban a una inconsciente desnudez.

Misticismo sobre las espectrales faldas de jubilo; fueron miles de épocas reunidas delante de una de las disciplinas más bellas: “la música”, y cuando por segundos, esta se detenía, el terror se apoderaba del teatro, por la explícita agonía de la lluvia, quien, se dejaba caer ofendida sobre las techumbres por no haber sido invitada a la función, pero sin que ella misma se diera cuenta, contribuía a la rebelión de las sonatas.

Era la sinfonía más bella y monstruosa que se posaba sobre los sentidos de los oyentes, esa música que sé auto denominaba como majestuosa y pecaminosa. Pero nosotros la llamábamos expresión de vanidad y terror, pero Terö Nissilä, la bautizo como: “Metal”. Nada en ese momento podía empañar la velada, que era intocable y sublime... solo pensar en los matices me comprimía el eco de la tranquilidad, me sentí el ser mas afortunado por estar presenciando el nacimiento de tan bella pieza musical. Entonces, mi voz desgarradamente salía desde mis entrañas, y a cada eufórico relieve de lírica, mi corazón me suplicaba que detuviera la ruptura del himen; mis piernas tiritaban y mis pechos sudaban... toda mi boca se secaba al compás de la zanfonía... sentía que iba a estallar lentamente, y que solo esa perfecta música podría reconstruir el cosquilleo de mi Apocalipsis. Me sentía en aire, me sentía en otra esfera... en un lugar solo comparable al frágil besar del ser más amado... pero más que en sus labios, era entre medio de sus sedosas tundras dolientes de tanto placer, y sus cabellos flotantes grabándose en mi cuerpo.

Los intrépidos dedos que jugaban con las teclas del grisáceo piano, contribuían a que cada rincón de la ubicación se tiñera de orgasmos concertistas, y el octobajo, mientras tanto, penetraba al arpa y parían al más elocuente desfile de enfiladas almas, que regalaban a los espectadores, destiladas esencias perfumadas incomprensibles y turbantes. El frenesí que derrochaba la lírica, hizo que mis ojos emprendieran el tejido de antiguos mares. Todo era sentimiento puro; mis cabellos se ruborizaban y un endemoniado cosquilleo seducía mi cuerpo, pero aunque todo era magia arriba del escenario, abajo, no se replicaba para nada la misma sensación...

De pronto, él público empezó a insultarnos y pedirnos que detuviéramos tan pecaminosa función. Y sin darnos cuenta, subieron soldados de caballería, con sus imponentes cotas de mallas y sus temibles espadas, imponiendo el terror de sopetón. Todo se volvió incomprensible cuando Jäcek fue brutalmente degollado por enfrentarse a unos de ellos, y después le destrozaron su violín en su ya inerte cráneo.



– ¡Su música es una ofrenda a Satanas y debe ser detenida inmediatamente! – rugió el soldado, e inmediatamente Sitko, Terö y yo fuimos amarrados mientras Jäcek se desangraba sobre el telón. Nadie de nosotros pudo hacer nada después de ver lo que le estaba sucediendo a nuestro amigo. Desde ahí en adelante, fuimos segregados y estigmatizados por practicar según ellos, el culto a Satanás tocando su * Tritón.



Luego, Sitko y yo fuimos encerrados juntos en una mugrienta celda; y de nuestros amigos, no supimos nada hasta llegar la noche, y la noticia llegó de la peor forma...



-- ¡Malditas meretrices del demonio! – Vociferó frente a nuestra celda un anciano fraile -- ¡ustedes han traído discordia y pecado a este pueblo! – Continuó -- era un anciano muy arrugado, que vestía de una manta café algo desteñida. Recubierta con algunos de sus pocos cabellos sueltos que cubrían su cabeza. En su mano izquierda, sostenía una botella de vino destapada y en la otra una Biblia abierta. -- ¡ustedes serán condenados a la horca y a las llamas infernales, y sus paganos compañeros correrán el mismo destino! – dijo desafiante.

-- ¡De que hablas maldito! ¡No hemos hecho nada malo, ni menos ofendido tu creencia! -- escupió Sitko, pero ese fue su peor error, porque el sacerdote llamó a los soldados furiosamente para pedirles que abrieran la celda y asesinaran a Sitko, por los cargos de herejía y blasfemia, y antes de que el viento moldeara la situación, mi amigo, frente a mis aterrados ojos, fue brutalmente asesinado sin piedad alguna, por centenares de puñaladas, patadas e insultos. Yo intenté hacer algo, pero el sacerdote me azoto la botella de vino en la sien, dejándome en la más absoluta inconciencia. Pero en tanto desperté, vi el cadáver de mi amigo desangrado en el piso. Muchos gritos de dolor brotaron de mí, pero nadie los pudo escuchar.



Luego de eso, me tuvieron tres días sin comer ni beber y solo al cuarto día un soldado me trajo algo de agua y comida... observar el cadáver de Sitko (que aun permanecía descomponiéndose en la celda), me mantenía en silencio, y solo abría mi boca para beber y comer. El ambiente estaba muy desconcertante; no sabía si las amenazas del fraile hubiesen sido ciertas o no, pero al mirar a mi lado, la respuesta me tocaba y eso me mantenía siempre alerta y despierta, era como si presintiera algo mucho peor que mi muerte, y que clarividente fui...

A los días siguientes, no sé cuantos, me obligaron a abandonar la celda para trasladarme a mi condena, recordar lo que se dijo ahí es algo que me hace mucho daño, pero mi suerte ya estaba echada y las brazas de mi horca engendradas. Recuerdo cada segundo de mi tortura; pude escuchar cada hebra de mi piel ardiendo en llamas, y las risas de quienes observaban se me repiten en cada noche desde aquel asqueroso día. Luego, mientras yacía en las cenizas de mi horca, logre descifrar un discurso que solo podría pronunciar una mente siniestra. Así que no lo repetiré, pero éste, trataba de que ellos bautizarían esta isla conmigo, y luego, la repletarían de futuras almas paganas.

Luego que llegue aquí, logre rehabilitarme lentamente... y así es el inicio de Luciferian; y desde ese día en este sitial he tenido que ver mas muertos que un pez bajo el mar.



* Tritón: un sonido poético, diabólico y sexual.





El relato de Masha nos dejo perplejas, casi sin saliva en la boca. Toda su historia fue tan oscura y dolorosa que hasta el viento, el escultor más incansable, dejó por un instante de moldear las paredes de la cueva. Y yo, lo único que logré pensar, fue que hay una leve ruptura entre lo que es lo correcto y lo incorrecto, y Masha nos la mostró. Nos mostró, los infectos jazmines marchitos que se esculpieron en aquellos podridos suelos, que contrastaban con los suaves telares femeninos, que habían sido tejidos donde los días y las noches son vestiduras de un ropaje. Me sentí realmente sucia e impotente al escuchar el cómo y él porque de todas aquellas hembras asesinadas y condenadas a que sus restos fueran el alimento de bestias hambrientas o sepultadas bajo la nieve sin dignidad alguna.

Luego de eso, Kaisa le pidió a Masha acaso podía cantarnos la canción que interpretó en aquel día. Keltzivä y yo nos miramos sorprendidas sin decir nada, pero estoy segura que pensó lo mismo que yo, ni ellas mismas se conocían, ni se tenían confianza, tal vez la misma pena las hacia convivir sin querer saber nada mas de la otra por las traumáticas vivencias detrás de su estadía en la isla. (Pero eso jamás se los pregunté) Masha le hizo señas a Meiju en un código que ella entendió, y luego Meiju se levantó mimetizadamente y abandonó la mesa. A su regresar, trajo con sigo un objeto muy macabro que nos asusto mucho.



Era un cráneo humano, con un hueso largo saliendo por su frente y con algunos cabellos, también humanos decorándolo, retrocedimos muy aterradas, pero Meiju nos explicó que eso era un instrumento musical fabricado por ella. Eso nos dejo perplejas y solo le creímos cuando Masha empezó a sacar sonidos del cráneo.



– Cumpliré tu deseo, Kaisa, interpretaré para todas ustedes un trozo de la opera de aquel fatídico anochecer -- dijo Masha mientras afinaba su instrumento y comenzaba a cantar su himno:





Agonía o maldito poema



Es su amargo veneno que arde bajo la luna menguante con un leve

Malvado y letal retoño de carnal y burda sensualidad

Que sé convierte en una esfera brillante de macabra intimidad.



Es tu armadura de soledad dominadas por el capricho a la humedad

Y a las gentiles sonrisas absorbidas con atención por el rocío de las sabanas.



Y los destellos de lo pecaminoso que su masturbación sombría y eretisma abertura

Provocan en mí un estruendo galopante de peldaños maliciosos

Sobre la magia escalofriante de su arte esculpido.



Insinuantes desfiles de mis gotas de piel sobre la crudeza de su sádico linaje

Que desentierran caricias plateadas, que me hacen sonrojar y llorar

Cubriéndome en un ritual de latente dolor.



Quisiera no haber estado presente en otoños desteñidos, ni en negros inviernos

Solo desearía no haber navegado por ninguna luz y no ver todo a mi paso.





-- Esa es la única parte de la obra que logro recordar, antes de que nos azotara un apoteósico sismo e hiciera que cayéramos en un pánico colectivo.

-- ¿Que fue eso? – pregunté a los aires, pero Masha atrapó mi pregunta y la desvaneció al instante.

– ¡Se trata del maldito barco que viene a botar cadáveres inocentes cada seis meses!

-- ¿Que? – preguntó Keltzivä, y antes de que nos diéramos cuenta, ella y yo nos vimos envueltas en medio de un soberbio plan.

-- Kaisa, toma tus armas y ve al punto estratégico que te asigne, y tú, Meiju avisa a las demás, y diles que nadie actúe hasta que yo lo diga. – Vociferó Masha – rápido, rápido no hay tiempo que perder.

-- ¿Las demás? – pregunté, pero de respuesta solo recibimos, un crudo y violento ataque de parte de Masha, quien después de golpearnos, gruñó hacia nosotras mientras se colocaba una corona de espinas.

-- ¡No se entrometan ni para bien o para mal, esta es una situación que no entienden, ni les compete entender! -- y en segundos, quedamos malheridas y solas en la cueva, preguntándonos mutuamente ¿qué estaba sucediendo? Y Keltzivä que era más valiente (o más tonta) que yo, salió de la cueva, desapareciendo entre las sombras, y reapareciendo minutos después.

– Jannike, tienes que ver esto -- me decía algo atolondrada.

-- ¿Que sucede? -- y antes de tener mi respuesta, me sujetó del brazo y me guió detrás de una gran roca cubierta de nieve; para parapetarnos.

– ¿Vez eso Jannike?

-- ¿Que cosa? – dije.

– Pues ese barco.

– ¿Que barco?

-- Ese, el que esta justo enfrente de nosotras – me decía mientras apuntaba hacia adelante.



Y de pronto lo vi... era un gigantesco barco que más bien parecía un castillo gótico flotante, y muchos soldados que descendían con sus rostros cubiertos con paños de color verde. Y algunos, meneaban sus manos como señales a los otros, y ocurrió lo que Masha nos advirtió: grandes cantidades de cadáveres eran desembarcadas con sus rostros deformados y sus cuerpos partidos; desde la distancia que estábamos, incluso podíamos ver sus riñones disecados, sus páncreas mutiladas... sesos machacados e infestados de lombrices asquerosas y soberbias. Algunos cadáveres tenían sus ojos reventados y otros en lugar de sus ojos, tenían sus orificios oculares tejidos con hilos deshilachados, otros carecían de extremidades, y los más desafortunados, más abajo de su ombligo no tenían piernas sino tubos digestivos y pulmones hinchados por la sangre aun no coagulada. Vértebras desfiguradas, órganos solitarios, bañados en vómito seco, cabello quemado, huesos faciales rotos revueltos en un sin fin de tripas reventadas. Solo algunos, despojos se mantenían con forma humana, el resto era solo una verdadera mierda mortal.



La maldad de los soldados no tenía límites... mientras la gran mayoría, solo vomitaba por lo asqueroso del paraje; tres insanos soldados se turnaban para masturbarse en el trasero de una hembra desnuda (aparentemente degollada), mientras reían y se mofaban con insultos de la memoria de aquel cuerpo femenino, a vista y paciencia del resto.

En un movimiento, y casi por inercia, miré a Keltzivä, y cuando la observé, me vi totalmente reflejada en sus hinchadas esferas oculares con relámpagos rojos. Ambas sentíamos impotencia e ira por estar presenciando la más inhumana función.

Cuando volví a mirar a aquella latente y maldita visión macabra, mi corazón latió a mil revoluciones por segundo, cuando mis ojos le avisaron a Keltzivä que una mierda de soldado se aposentaba delante de nosotras.



-- ¡Ahhhhhhhhhh! -- mi conciencia se disparó, pero mi boca la ignoró, y el cráneo de mi amiga pagó mi cobardía, desenvainado sus sesos sobre mí... el crujir de su cabecilla es una hipócrita tonada que hasta el día de hoy puedo desnudar. Cuando divisé como se enjuagaban con sangre los pálidos cabellos de mi única amiga, logre rugir tan fuerte que hasta el mar se detuvo por la confusión y cuando mi cobarde humanidad volaba por los aires en dirección al asesino de mi única casi familia que quedaba con vida, se escucho un gutural cuerno que logro descongelar centenares de capas de nieve que durante años habían cubierto esa puta isla; de pronto, salieron cientos de guerreros cubiertos con mantas negras. Armados con lanzas rabiosas, los dirigía el guerrero con la lanza más valiente y poderosa, en cuya cabeza brillaba una fulminante corona de espinas. Gritos de misterio flotaban sin cesar, mientras yo forcejeaba con el fornido y repulsivo soldado, sin esperanzas ni posibilidades de vencerle. Apareció el guerrero coronado con una ensangrentada espada, vomitando esperanzas a mi favor... cerré los ojos y escuche cuatro o tal vez mas puñaladas, y cuando los abrí el soldado estaba tendido en la nieve, desangrándose lentamente.



-- ¡Malditas puercas imbéciles, les dije que se quedaran en la cueva! ¡Esta no es su guerra, ni si quiera saben que es lo que lidero! – dijo el guerrero coronado, que en realidad se trataba de Masha, quedando así sometida a su veredicto y sentencia. Pero el fuego que se había encendido dentro de mí, casi hizo que reclamara su ofensa, pero mi inteligente mente desenredo el dilema y solo la mire despechadamente, dirigiendo mis lágrimas hacia mi amiga.

– Lo siento, es lo que estaba tratando de evitar... – me dijo intentando consolarme, pero su compasión es algo que me irritó aun más, y en vez de sostener el cuerpo de mi amiga, sostuve la espada del soldado, la levanté y le vociferé incluso más fuerte que las olas lo hacen a los glaciares para que salgan de su curso: -- ¡No nos compadezcas! ¡Luchare en esta batalla aunque perezca en ella, y claro que no sé tus motivos, pero sí sé los míos!... -- y antes de que Masha intentara detenerme, me deje caer en llamas sobre esa cruzada infernal...



-- Clik, Clik...

-- ¿Qué es sonido? ¡Es semejante a una botella chocando con todo su alrededor! Clik, Clik... ¡Ahí esta otra vez! Si es él, es mi verdugo. Debo hacer algo, ¿pero que mierda puedo hacer? Estoy a la de merced de un zarrapastroso necrófilo... nadie puede ayudarme... soy solo una estúpida cáscara femenina que excita a un ser virulento. Es él quien me poseerá aunque mi magín lo satirice. Soy el despojo de una puta existencia que algún Dios olvidó. ¿Ganesh?... ¿Jesucristo?... ¿Buda?.... ¿Satán? ¡Que más da! ¡Para mi no hay ningún estúpido Dios, jamás estuvo cuando vivía! ¡Cuándo aun podía desternillar de verdad, cuando la miseria y la hambruna me bañaban cada mañana! ¡Cuándo mi desayuno solo era lo que lograba robarle a algún descuidado... cuando lograba desayunar! Mi mente a estas alturas ya esta alterada. Que más da lo que me suceda... o mejor dicho lo que le suceda a esta porquería de carne adjuntada, que más encima con sus extremidades solo forma una harapienta vulva pútrida.



Yo solo creo que la vida es nefasta, o al menos la mía lo fue. Siento que mi existencia fue una imperfección del paisaje; que ensucio todo lo que toco, mejor dicho lo pudrió y lo despego de su alma.

Los que me odiaron, quisieron mi desintegración, y todos los que me amaron también, y no los culpo, porque soy un vortex entre lo repelente y lo sano. Todo lo que pensaba estaba rodeado de una especie de fango impuro y fétido, lleno espectros helmintos de otras épocas. ¡Escucho voces que suplican mi ruina y otras mi muerte total y mi voz no se atreve a contradecirlas! Estoy rodeada de una picazón poco investigada e inmortalizada en los libros.

Es el sonido de la puerta de esta habitación que sé esta abriendo, si yo aun manejara este cuerpo de seguro apretaría los dientes, en señal de mi espanto (pero no puedo). Esta entrando una pequeña luz materializada en cristal, es poca pero por lo menos me deja ver el techo.



– ¿Cómo has estado preciosa, me has echado de menos? – no cabe duda; es el bastardo necrófilo el que me habla, y aparentemente, por lo difuso de su comentario, me atrevería a decir que se encuentra más ebrio que antes. Escucho mucho bullicio, de seguro esta tratando de equilibrarse pero solo consigue chocar con todo. – ¡Hippp!, No puedo mantenerme en pie d... de... desco... descono... desconocida... ¡hippp! Ja - Ja - Ja – ahora penosamente esta pronunciando algo, y me habla este imbécil borracho... mientras sigo escuchando sus tropiezos, pero ahora mas cerca... mucho más...



Y un manto de silencio cubre y disipa la escasa luz de la habitación. Oscuridad... solo eso queda visible, mas el dolor insostenible se subraya y se hace heroico... cerrare mi espíritu, pero eso no impedirá el reventar de mis escudos... una tras otra, las lombrices desistirán de protegerme y protegerse a sí mismas y serán el alimento del placer de una mente morbosa que gobernara sexualmente mi podrido cadáver, pues... lo pavoroso es lo que me salpica en los principios de la noche... sin que nadie pueda impedirlo.